Historia antigua

Portaaviones de hielo: la descabellada propuesta de la Segunda Guerra Mundial

Portaaviones de hielo: la descabellada propuesta de la Segunda Guerra Mundial

En 1942 los Aliados ya planificaban la liberación de Europa del dominio nazi. Winston Churchill consideró la posibilidad de usar plataformas flotantes gigantes desde las que despegaran aviones, proporcionando cobertura inmediata a las divisiones que desembarcaran.

El contexto de la Batalla del Atlántico

Al mismo tiempo, la Batalla del Atlántico estaba en pleno apogeo y los convoyes aliados necesitaban cobertura aérea para combatir a los submarinos y bombarderos alemanes. Lord Mountbatten, jefe de la Oficina de Operaciones Combinadas, contaba con Geoffrey Pike como asesor científico.

La propuesta “loca” de los portaaviones de hielo

Pike, al conocer los planes aliados, presentó la disparatada idea de construir portaaviones de hielo. Según él, esas “naves” medirían 1 200 m de largo, 180 m de ancho y tendría un calado de 40 m. Serían “insumergibles”, pues su enorme anchura impediría que torpedos o bombas las destruyeran, y su reparación sería muy sencilla.

Aprobación y desarrollo del prototipo

Churchill aceptó entusiastamente la propuesta y se ordenó la construcción de un prototipo en el Canadá helado. Desde el principio, sin embargo, el coste resultó desorbitado: más de 100 millones de dólares sólo para el modelo experimental, sin contar los numerosos problemas técnicos no previstos.

El prototipo operativo medía 18 m de largo, 9 m de ancho y tenía un calado de 6 m. Sobre un bloque de hielo tallado se colocó una estructura de madera. En la “nave” se instalaron tres grandes compresores con refrigerante (freón), alimentados por motores eléctricos de 10 hp, que hacían circular aire frío a través de una red de tuberías.

El fin del proyecto

Cuando se completaron las pruebas, la Batalla del Atlántico ya estaba empezando a inclinarse a favor de los Aliados, gracias a la enorme capacidad de los astilleros estadounidenses, tanto en buques mercantes tipo Liberty como en portaaviones de escolta (122 construidos) y 29 portaaviones de gran tamaño. Ante esta ventaja, no había razón para seguir invirtiendo en soluciones extremas, y el proyecto fue abandonado.