
Bombardeo continuo de la capital
La lucha feroz entre nacionalistas y republicanos se prolongó durante dos semanas, con ambos bandos reforzándose a igual ritmo, de modo que ninguno logró imponerse. Para desmoralizar a la población madrileña y saciar la curiosidad de los oficiales alemanes, el general Franco ordenó un bombardeo ininterrumpido de 24 horas, usando bombas de alto explosivo y posteriormente incendiarias. Entre el 16 y el 19 de noviembre murieron cerca de mil personas, pero la tragedia unió aún más a los madrileños; la defensa de la ciudad se mantuvo firme y la moral permaneció alta.
Control del espacio aéreo
El dominio de los cielos dejó de estar en manos exclusivamente alemanas o italianas. Los aviones soviéticos, como el monoplano Polikarpov I‑16 “Rata”, considerado uno de los mejores cazas de la época, se enfrentaron a los aviones del Eje. Los bombarderos soviéticos, más rápidos que los cazas nacionalistas, alcanzaban los pueblos bajo control rebelde.
Fuerzas en el frente de Madrid
A finales de noviembre los nacionalistas concentraban 60 000 hombres en el sector Toledo‑Brunete, mientras que los republicanos disponían de apenas 40 000, aunque su perímetro defensivo había sido reforzado con la ayuda de técnicos soviéticos. La infantería republicana se organizó siguiendo el modelo de las “banderas” nacionalistas: tres compañías de infantería, una de ametralladoras y unidades de artillería y tanques de apoyo.
Plan de ofensiva nacionalista
Franco, Mola y Varela se reunieron a finales de mes y acordaron empujar a los republicanos desde la carretera que va de Madrid al Escorial, con el objetivo de liberar a sus tropas atrapadas en la Casa de Campo. Si la ofensiva tenía éxito, se pretendería aislar a las fuerzas republicanas de la Sierra, cortándoles agua y electricidad.
Contraataques y estancamiento
Los republicanos, tras la presión de una “bandera” de la Legión, se retiraron a los suburbios de Pozuelo y Humanes. Cuando los tanques nacionalistas intentaron convertir la retirada en una huida desordenada, se encontraron con fuego de los tanques soviéticos y tuvieron que retroceder. Los bombarderos Ju‑52 fueron derribados o forzados a huir por los cazas rusos. El enfrentamiento no favoreció a los nacionalistas y provocó pérdidas considerables en ambos bandos.
Batalla de Boadilla y Villanueva
Cuatro brigadas móviles (17 000 hombres) atacaron Boadilla del Monte tras una intensa preparación de artillería y aviación. Los republicanos respondieron con sus tanques y cazas rusos y contraatacaron con unidades frescas de las Brigadas Internacionales. La lucha duró cuatro días, reduciendo el territorio republicano a unos pocos kilómetros alrededor de los pueblos estratégicos de Boadilla y Villanueva de la Cañada. Se aniquilaron casi seis batallones de la Internacional, y los nacionalistas tuvieron que recurrir a refuerzos de Marruecos y a jóvenes reclutas.
Planes de cerco y resultados
Se trazaron nuevos planes para rodear la ciudad: un movimiento hacia el este desde el sector sur buscaba cruzar el río Jarama y cortar las rutas a Valencia, mientras que el flanco izquierdo, bajo mando de unidades regulares del ejército de Mussolini, debía avanzar al suroeste de Guadalajara. El objetivo era aislar Madrid del resto de la República y condenarla a la muerte. Sin embargo, ni la batalla del Jarama ni la de Guadalajara lograron los resultados esperados y Madrid sobrevivió, al igual que los posteriores intentos durante los dos años siguientes.
Fin del conflicto y legado
Cuando la batalla concluyó, pocos meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, las líneas del frente en las Sierras, la Casa de Campo y la Ciudad Universitaria permanecían prácticamente sin cambios respecto a finales de 1936. La valiente resistencia madrileña terminó con la victoria final del bando nacionalista, que pronto fue reconocido por todas las grandes potencias, excepto la Unión Soviética. Cuatro meses después, tras la partida de la Legión Cóndor, seis divisiones panzer alemanas invadieron Polonia, marcando el inicio de la Segunda Guerra Mundial. El bombardeo de Madrid había anticipado la devastadora estrategia de la Blitzkrieg que se desplegaría en Europa.