Historia antigua

Los desolladores: tropas mercenarias del siglo XV

Los desolladores: tropas mercenarias del siglo XV

¿Quiénes eran los desolladores?

Los desolladores fueron tropas armadas del siglo XV, a menudo confundidas con las Grandes Companías del siglo XIV. Actuaban como contratistas de guerra: saqueaban, cobraban rescates y participaban en los modos tradicionales de la guerra medieval (asedios, defensa de fortalezas, batallas y cabalgatas), tanto por su propio beneficio como por el de Carlos VII, a quien proclamaban su señor.

Distinción entre desolladores y corsarios

A partir de mediados del siglo XIV, todas las tropas reales francesas —reclutadas o voluntarias— estaban bajo juramento. La continuidad del conflicto durante la Guerra de los Cien Años (1337‑1453) dio origen a una clase de guerreros profesionales que cobraban al rey o a los grandes señores. No eran mercenarios en sentido estricto, pues mantenían vínculos de vasallaje y patronazgo paralelos a sus intereses económicos.

En los períodos de paz o tregua, esos guerreros desempleados se agrupaban en bandas que vivían del saqueo y los rescates. Tras la Paz de Brétigny‑Calais (1360), los ejércitos se desmantelaron y muchos combatientes, sin recursos para volver a sus hogares, formaron grupos autónomos de “grandes compañías”. Estas no deben confundirse con los Écorcheurs (desolladores), surgidos más por la inestabilidad política de la Francia del siglo XV que por la mera paz, y que tampoco pueden considerarse mercenarios en sentido estricto.

El reino de Borbón y los desolladores

Los desolladores aparecen en el contexto de la guerra civil (1411‑1435) y de la escasa autoridad del delfín Carlos después del Tratado de Troyes (1420). La fluidez de lealtades —armagnacistas o borgoñonas— favoreció la creación de grupos armados autónomos que combatían “a su modo”, guiados por la rentabilidad y la afiliación a una de las facciones (inglesa, borgoñona o armagnacista).

La debilidad financiera de Carlos VII lo obligó a recompensar a estos capitanes autónomos que le juraban lealtad, aunque no les pagaba sueldos ni les garantizaba botines. La población los tachó de desolladores por su conducta saqueadora y su falta de disciplina. Aun así, eran guerreros hábiles y flexibles, cuya fidelidad dependía de recompensas esporádicas (dinero, cargos) y de su vínculo personal con la causa armagnacista. No dudaban en servir a otros señores, como La Hire, Poton o Dunois, sin traicionar al rey.

Un ejemplo revelador es La Hire. En 1420 defendió Crépy‑en‑Valois por el delfín; en 1422 se convirtió en su capitán (aunque sin paga); en 1425 fue nombrado escudero real; y en 1429 se hizo alguacil de Vermandú. Su trayectoria muestra la ambivalencia de los desolladores: aunque vivían del saqueo, estaban vinculados a la autoridad real y no estaban completamente desintegrados como las compañías de mercenarios.

Integración de los desolladores al ejército permanente

Tras el Tratado de Arras (1435), que selló la alianza entre Carlos VII y Felipe el Bueno, los desolladores dejaron de ser útiles para el rey, que buscaba recuperar el favor de las provincias liberadas del dominio inglés (París fue recapturada en 1436). Carlos VII ordenó a La Hire desplazar a las principales compañías de desolladores hacia el Ducado de Lorena para que continuaran saqueando fuera del reino.

Simultáneamente, el monarca intentó estructurar su ejército seleccionando a los capitanes desolladores que se convirtieran en oficiales reales y prohibiendo a los demás el saqueo y el rescate dentro de Francia. Un primer intento en 1439 fracasó por la Praguería, una revuelta de los grandes vasallos. Tras la tregua franco‑inglesa, en 1445 logró imponer una reforma: una orden (perdida) concedió amnistía general a los soldados, despidió a los capitanes contratados y reincorporó a quince de ellos como oficiales permanentes del rey. Cada uno comandaba una compañía de 100 lanceros (teóricamente 600 hombres).

Esta transición resultó exitosa; los desolladores, privados de legitimidad en un contexto de reforzada autoridad real y de un ejército estructurado, desaparecieron gradualmente con la reforma militar.

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