Los turcopoles, también llamados turcoples, eran arqueros que cabalgaban caballos árabes, equipados con ligereza y vestidos al estilo turco. El término aparece en francés ya en el siglo XII.
Origen y etimología
El vocablo sugiere que inicialmente estas tropas auxiliares estaban formadas por combatientes de origen turco (polos = potro, en sentido de niño), seljúcidas cristianizados. Con el tiempo el cuerpo incorporó a personas de ascendencia mixta: padre turco y madre cristiana del este (armenios, griegos o sirios), denominados “potrillos”, o de padre turco y madre griega.
Composición y percepción
En la práctica se encontraban combatientes locales cristianos de costumbres orientales, e incluso musulmanes convertidos (sirios, beduinos, etc.) o soldados turcos capturados que preferían la conversión a la muerte. Por eso los mamelucos los consideraban traidores y herejes, sin piedad al capturarlos; tras la batalla de Hattín (1187) Saladín ordenó la ejecución de los prisioneros turcopoles como apóstatas.
Función militar
Principalmente estaban al servicio de las órdenes militares de Jerusalén, Chipre, Rodas y otras posesiones cruzadas, contrarrestando las tácticas de hostigamiento turco con unidades más móviles que los pesados caballeros francos. Su mando recaía en un hermano sargento, llamado turcopoliero. Más tarde la Orden Teutónica creó su propia caballería nativa, los turcopolen.
Mercenarios y alianzas
Los turcopoles eran mercenarios contratables para la duración de una campaña. Su habilidad para la espionaje y el reconocimiento los hacía valiosos para las órdenes religiosas y para el Imperio Bizantino, que, al igual que con los almogávares, no siempre les mostró gratitud. Al inicio del siglo XIV, tras enemistarse con Andronicus II Paleólogo, se aliaron con los almogávares.