El origen de la cuenta de Max Heiliger
Los fondos saqueados por los nazis fueron depositados en cuentas bancarias a nombre de un personaje curioso: Max Heiliger.
El botín nazi
Tras la masacre de millones, el régimen nazi se apoderó sistemáticamente de los bienes materiales de sus víctimas: joyas, oro dental, relojes, diamantes, monedas, billetes e incluso objetos cotidianos como gafas que contenían pequeñas cantidades de metales preciosos. La mayor parte del botín quedó en manos de la Schutzstaffel (SS).
En un primer momento, todo el oro, incluidos los dientes, fue enviado a la Casa de Moneda de Prusia para fundirse en lingotes. Las joyas y otros objetos se vendieron en el mercado negro o a prestamistas de Berlín y otras ciudades. Los diamantes fueron exportados a países neutrales como Suiza, España, Portugal y Suecia.
El lavado de dinero
Una vez fundidos los lingotes y convertidos los objetos en efectivo, el dinero necesitaba ser blanqueado. Ningún alto funcionario nazi quería que su nombre apareciera en esas cuentas, por lo que Heinrich Himmler y Walther Funk, presidente del Reichsbank, idearon una solución.
Acordaron que todas las cuentas que recibieran el botín llevarían el nombre de Max Heiliger, un nombre totalmente ficticio. La elección no fue casual: Heiliger significa “santo” en alemán, lo que les resultó una macabra broma negra.
Según William L. Shirer, ya en 1942 el Reichsbank estaba «abrumado» por el volumen de los depósitos de Heiliger; las bóvedas rebosaban de lingotes y objetos preciosos. Para “lavar” ese capital, los lingotes se vendían en casas de empeño y el efectivo resultante se transfería a la cuenta de Heiliger. El ministro de Finanzas supervisaba los saldos y utilizaba el dinero para financiar las actividades de la SS y otras organizaciones nazis.
Financiamiento del Holocausto
De esta forma el Holocausto se autofinanció. Como señalan Gábor Kadar y Zoltán Vági en su estudio sobre la financiación del genocidio nazi, gran parte del ingreso provenía del campo de concentración de Auschwitz. Solo el envío de oro realizado el 24 de noviembre de 1944 a la Casa de Moneda de Prusia superó las 25 toneladas.
El destino del tesoro
Cuando quedó claro que la guerra estaba perdida, los nazis intentaron ocultar el oro en minas abandonadas y otros lugares secretos. Gran parte del botín desapareció para siempre, aunque la búsqueda continúa. De vez en cuando aparecen noticias sobre trenes cargados de lingotes o cámaras subterráneas secretas, pero el rastro de Max Heiliger se ha desvanecido por completo.