Historia antigua

Ingreso en la Orden

Requisitos de admisión

Las cofradías tenían, entre otras funciones, la responsabilidad de garantizar la incorporación permanente de nuevos hermanos. Este reclutamiento debía ser lo más amplio posible, de modo que hombres laicos de la nobleza y del campesinado libre podían aspirar a ser admitidos siempre que cumplieran los criterios establecidos por la Orden.

En primer lugar, la entrada era libre y voluntaria; el candidato podía ser pobre, pero debía estar motivado, ya que no existía un periodo de prueba de noviciado. La incorporación era directa (pronunciamiento de los votos) y definitiva, de por vida.

Los criterios principales eran:

Ingreso en la Orden Tener al menos 18 años (para los jóvenes se fijaba en 16) (artículo 58)
Ingreso en la Orden No estar comprometido (artículo 669)
Ingreso en la Orden No pertenecer a otra orden (artículo 670)
Ingreso en la Orden No estar endeudado (artículo 671)
Ingreso en la Orden Gozar de perfecta salud física y mental (no estar discapacitado) (artículo 672)
Ingreso en la Orden No haber sobornado a nadie para ser admitido (artículo 673)
Ingreso en la Orden Ser hombre libre, no siervo (artículo 673)
Ingreso en la Orden No estar excomulgado (artículo 674)

Se advertía al candidato que, de demostrarse una falsedad, sería expulsado de inmediato: "…si mientes, serás perjurado y podrías perder la casa, de lo cual Dios te libre" (extracto del artículo 668).

El aspecto de los templarios

En su homilía (1130‑1136) titulada "Alabanza a la nueva caballería", Bernardo de Claraval describió a los templarios con un énfasis tanto físico como moral, contrastándolos con los caballeros de la época: "Cortan su cabello, pues el Apóstol enseña que es una ignominia que un hombre se preocupe por su peinado. Rara vez los vemos peinados, casi nunca lavados; sus barbas son descuidadas, huelen a polvo y están manchadas por las armaduras y el calor…".

Aunque la descripción es contemporánea, resulta más alegórica que realista. La iconografía templaria es escasa; en las pocas pinturas de su tiempo, sus rostros aparecen cubiertos por cascos, gorgueras o camailes, quedando ocultos o apenas visibles.

El artículo 28 del Reglamento latino especificaba que "los hermanos deben raparse la cabeza", tanto por razones prácticas e higiénicas como para simbolizar su total adhesión a la regla. Asimismo, se prohibía cualquier exceso en el uso de barbas y bigotes; los hermanos capellanes llevaban tonsura y estaban afeitados. Muchas miniaturas que representan a los templarios en la hoguera son posteriores y no reflejan la realidad. En el siglo XIX, artistas románticos imaginaron a los templarios con largas cabelleras y barbas abundantes, mezclando idealismo con la tradición popular.


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