El Partenón
Hoy el Partenón sigue cumpliendo una misión parecida a la que le dio origen en el siglo V a.C.: glorificar Atenas. Desde su inauguración se ha usado como símbolo del "edad de oro" ateniense y, con el tiempo, como emblema de toda Grecia y del patrimonio mundial.
Sin embargo, gran parte de su fama proviene de episodios que no son clásicos, sino medievales y modernos.
Un salto histórico
Tras el apogeo del siglo V, el Partenón continuó como templo dedicado a Atenea y se convirtió, junto con la ciudad, en una atracción para el Imperio Romano. Los romanos admiraban la cultura griega y muchos de ellos preferían escribir en griego antes que en latín.
Con la expansión del cristianismo, la cuestión que surgió fue: ¿qué ocurrió con el pagano Partenón?
Del mundo antiguo al medieval
Daños de la Antigüedad tardía
El edificio no perdió su función ante la ola cristiana; más bien, los atenienses lo adaptaron para nuevos usos. Ya en el siglo III d.C. sufrió un incendio devastador, atribuido a los hérulos en 267 AD, que arrasó la Acrópolis.
Una restauración incompleta
El emperador Juliano (el Apóstata) y los ciudadanos atenienses financiaron reparaciones, pero la escasez de recursos y el daño térmico dejaron el techo sin terminar. El nuevo techo, más práctico que el original de mármol blanco, cubrió el interior del edificio.
Los primeros cambios cristianos
Reversión de la entrada
En el siglo VI el Partenón se consagró a la Virgen María. Se rellenó parcialmente la columnata exterior para crear una pared de escudo que sólo se abrió al oeste, obligando a los fieles a entrar por el lado opuesto al original. El antiguo acceso occidental quedó sellado; se abrió una pequeña puerta adyacente, cuyo uso se evidencia en graffitis medievales. El opisthodomos se transformó en un nártex con fuentes para el bautismo, y se tallaron ventanas altas para iluminar el interior.
El ábside
El lado este se adaptó para albergar un ábside semicircular, típico de las iglesias europeas, donde se colocó el altar y el trono del obispo. El ábside se construyó con escombros reutilizados (spolia) de otros monumentos clásicos. En el siglo XII, bajo el arzobispo Miguel Choniates, se amplió el ábside y se recortó parte del friso oriental para acomodarlo.
Tratamiento de la iconografía pagana
La estatua de Atenea
El destino de la famosa estatua de Atenea es incierto. Algunas teorías sostienen que los incendios del siglo III la destruyeron; otras sugieren que fue saqueada por un emperador romano y llevada a Constantinopla, donde desapareció durante la Cuarta Cruzada (1204). Lo que sí se sabe es que el templo siguió dedicado a Atenea al menos hasta que el emperador Teodosio II prohibió los cultos paganos en el siglo V.
Metopas y frisos
Los relieves mitológicos de las metopas fueron en gran parte destruidos por los cristianos, que los consideraban incompatibles con su fe. Aproximadamente tres cuartas partes fueron dañadas hasta quedar irreconocibles. En cambio, gran parte del friso interior se conservó, quizás porque se reinterpretó su contenido bajo una luz cristiana.
Iconografía cristiana
Iconos
El propio Miguel Choniates decoró la catedral con iconos de ángeles, santos y obispos, y con pinturas de episodios bíblicos. La mayor parte de esta decoración se perdió, aunque el marqués de Bute documentó lo que quedó en acuarelas realizadas en 1880.
Mosaico
En el ábside se colocó un mosaico de estilo bizantino. El Museo Británico conserva 188 teselas halladas en la década de 1830 y adquiridas en 1848.
Impresiones medievales del Partenón
Fama como catedral
En el mundo bizantino el Partenón, conocido como la "Templo de la Theotokos Atheniotissa", se convirtió en un importante lugar de peregrinación. En 1018 el emperador Basilio II lo visitó, donó una paloma dorada que colgaba del techo interior y una lámpara de fuego perpetuo.
El acto más documentado fue la investidura de Miguel Choniates como arzobispo, lo que muestra cómo los cristianos medievales no rechazaron el legado pagano, sino que lo transformaron.
El discurso de Miguel Choniates
En un sermón de 1175, Choniates exaltó a Atenas como "reina de ciudades" y "madre de la razón y la virtud", pero también subrayó que ahora la ciudad veneraba a la verdadera Virgen, María, en lugar de a la falsa Atenea.
Qué pudo haber sido el Partenón
Durante más de mil años (aprox. 500‑1687 d.C.) el Partenón mantuvo una configuración similar a la del bien conservado Templo de Hefesto, también convertido en iglesia dedicada a San Jorge. Hoy ese templo es uno de los mejores ejemplos de arquitectura dórica.
Conclusión
Si no hubiera sido por los incendios del siglo III y, sobre todo, por la explosión de 1687 durante el asedio veneciano, el Partenón podría haber llegado a nuestros días tan bien conservado como el Templo de Hefesto. La artillería veneciana alcanzó el depósito de pólvora situado en la Acrópolis, destruyendo el interior del edificio y el minarete que había sustituido al campanario cristiano tras la conquista otomana.
Una supervivencia completa habría convertido al Partenón en, quizás, el templo mejor preservado del mundo, sumando a su gloria milenaria una nueva capa de historia.
Bibliografía
Bearded, Mary. The Finest Mosque in the World: Parthenon, 49‑82. Cambridge: Harvard University Press, 2003.