Historia antigua

¿Por qué las armas nucleares siguen proliferando y no desaparecen?

La bomba atómica sobre Japón

El desarrollo nuclear comenzó en la Segunda Guerra Mundial cuando EE. UU. temía que la Alemania nazi alcanzara la bomba atómica. En 1942 se lanzó el Proyecto Manhattan, cuyo objetivo era superar a Alemania. En julio de 1945 Estados Unidos realizó la primera explosión nuclear y, pocos meses después, lanzó bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Los científicos que trabajaron en el proyecto comprendieron el poder devastador de estas armas y advirtieron que la tecnología se difundiría rápidamente, pero sus recomendaciones de control internacional fueron ignoradas.

El presidente Harry S. Truman decidió usar las bombas para acelerar la rendición japonesa y, al mismo tiempo, limitar la influencia soviética en el Asia de la posguerra.

EE. UU. y la URSS: una carrera armamentista sin control

Tras la guerra, la comunidad internacional intentó regular el uso de la energía nuclear. En 1946, la primera sesión de la ONU aprobó la creación de la Comisión de Energía Atómica, pero la creciente desconfianza entre EE. UU. y la Unión Soviética paralizó cualquier acuerdo.

En 1949 la URSS realizó su primera prueba nuclear, iniciando una carrera sin fin. Durante las décadas siguientes ambas potencias desarrollaron bombas de hidrógeno, misiles balísticos intercontinentales (ICBM), misiles lanzados desde submarinos (SLBM) y una flota de submarinos nucleares.

El punto más crítico llegó en 1962 con la Crisis de los Misiles en Cuba: la instalación de misiles soviéticos a 90 km de la costa estadounidense llevó al mundo al borde de una guerra nuclear. Sólo una serie de negociaciones evitó la catástrofe.

Desarme parcial y nueva proliferación

El fin de la Guerra Fría generó esperanzas de desarme. El tratado START (1991) redujo los arsenales estratégicos a menos de 6 000 ojivas cada uno, y bajo la administración Obama se impulsó la visión de un "mundo sin armas nucleares".

Sin embargo, la desintegración de la URSS provocó un control laxo sobre material nuclear, lo que favoreció el tráfico ilícito. Además, los ataques terroristas del 11 de septiembre aumentaron el temor a la "terrorismo nuclear".

En 1998 India y Pakistán realizaron pruebas nucleares, y en 2006 Corea del Norte lo hizo, desafiando el régimen del Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT) y demostrando la dificultad de contener la tecnología nuclear.

El Tratado de Prohibición de Armas Nucleares y la resistencia de los poseedores

En julio de 2017 la ONU adoptó el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TPAN), que prohíbe su desarrollo, posesión y uso. El tratado entrará en vigor cuando lo ratifiquen 50 países, pero los cinco estados nucleares (EE. UU., Rusia, Reino Unido, Francia y China) y sus aliados (Japón, Corea del Sur, Alemania, entre otros) se opusieron firmemente y no participaron en las negociaciones.

El NPT, vigente desde 1968, sigue reconociendo a esos cinco países como poseedores legítimos, mientras prohíbe a cualquier otro Estado desarrollar armas nucleares.

Durante la administración Trump, EE. UU. impulsó la modernización de su arsenal, anunciando en 2018 el desarrollo de armas nucleares de menor rendimiento y la retirada del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), reavivando la carrera armamentista.

Zonas libres de armas nucleares en el hemisferio sur

Aunque el desarme global avanza poco, gran parte del hemisferio sur ya es una zona libre de armas nucleares. El primer tratado de este tipo fue el Tratado de Tlatelolco (1968), que prohibió pruebas, producción y despliegue de armas nucleares en América Latina.

En 2009 entró en vigor el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares en África (Tratado de Pelindaba), extendiendo la zona libre al continente africano. Hoy, la mayor parte del hemisferio sur está cubierto por tratados que impiden la proliferación nuclear.