En la última época de Alejandro I, Napoleón invadió Rusia y fue repelido, lo que despertó en la juventud rusa una curiosidad por Europa occidental y el surgimiento de un movimiento liberal. Ese impulso liberal y los movimientos de independencia tanto internos como externos marcaron una profunda transformación del Imperio ruso y modificaron sus relaciones con Europa, el Imperio otomano y Japón.
Reinado de Nicolás I (1825‑1855)
Tras la muerte repentina de Alejandro I, el trono pasó a su hermano menor, Nicolás I. El joven zar heredó una sociedad secreta liberal que había surgido bajo su padre y que se manifestó en la revuelta decembrista de 1825. La insurrección fue rápidamente sofocada; cinco líderes fueron fusilados y unos 120 deportados a Siberia.
Objetivos de Nicolás I
Nicolás I se mostró como un gobernante autoritario, pero también percibió la necesidad de algunas reformas. Su política se centró en mantener la tiranía del zar mediante:
- Nombrar a la aristocracia leal como funcionarios del Estado.
- Reprimir cualquier intento de libertad política.
- Controlar la educación para fomentar el nacionalismo.
- Promover el ortodoxismo como elemento unificador.
El ejemplo más conocido de su represión es la respuesta a la insurrección polaca de noviembre de 1830, que terminó con la abolición del Reino Constitucional de Polonia y su incorporación directa al Imperio.
Política económica y expansión sur
Durante su reinado, Rusia impulsó la producción de algodón, azúcar y granos, y mejoró su red de transportes, incluida la primera línea de ferrocarril en San Petersburgo (1837). Para exportar estos productos, buscó puertos libres de hielo en el Mediterráneo, lo que motivó una política más agresiva hacia el sur.
Guerra de Crimea (1853‑1856)
La guerra surgió por la rivalidad entre Rusia y el Imperio otomano sobre el control de los lugares sagrados ortodoxos y el acceso a los mares del Mediterráneo. Reino Unido y Francia, temerosos de la expansión rusa, se aliaron con el Imperio otomano. El conflicto terminó con la derrota rusa y la firma del Tratado de París (1856), que le negó a Rusia el acceso al mar Negro.
Reinado de Alejandro II (1855‑1881)
Tras la muerte de Nicolás I, Alejandro II inició una serie de reformas para modernizar Rusia. Su obra más emblemática fue la emancipación de los siervos en 1861, que sentó las bases para la industrialización del país.
Durante su mandato, Polonia vivió la insurrección de enero (1863) y Rusia vendió Alaska a los Estados Unidos por 7,2 millones de dólares, una transacción que más tarde resultó lucrativa para EE. UU. tras el descubrimiento de oro.
En el Lejano Oriente, Alejandro II estableció el puerto militar de Vladivostok y planificó conectar la costa del Pacífico con el futuro Ferrocarril Transiberiano, lo que generó recelo en Japón.
Conflicto con el Imperio otomano
En la década de 1870, el crecimiento económico ruso volvió a dirigir su mirada hacia los Balcanes. La intervención rusa en rebeliones de Bosnia‑Herzegovina y Bulgaria provocó la Guerra ruso‑turca (1877‑1878). Tras la victoria, Serbia, Montenegro y Rumanía lograron su independencia y Bulgaria obtuvo autonomía, aunque el Congreso de Berlín (1878) limitó su soberanía bajo presión de Alemania y Austria‑Hungría.
Expansión en Asia Central
Desde el siglo XVIII, Rusia avanzaba hacia la cuenca del Caspio y la meseta mongola para controlar a los nómadas del este. En el siglo XIX, bajo Alejandro II, la región quedó bajo dominio ruso y se convirtió en un importante centro de producción textil de algodón.
Fin de Alejandro II
El aumento del nacionalismo y la oposición de los grupos étnicos disidentes culminó en el asesinato de Alejandro II en 1881 por un miembro de la organización revolucionaria “Narodnaya Volya”.
Relaciones ruso‑japonesas
Los primeros contactos entre Rusia y Japón se remontan a la Guerra de Crimea, pero el tratado de Shimoda (1855) y el tratado de Sakhalin (1875) definieron sus fronteras. Sin embargo, la ambición japonesa de obtener puertos libres de hielo en el Lejano Oriente generó tensiones.
Incidente de Otsu (1891)
El príncipe heredero Nicolás II visitó Japón en 1890 como invitado de Estado. Durante su estancia, un nacionalista japonés intentó atacarlo en Otsu (prefectura de Shiga). El agresor fue detenido y, aunque el incidente no escaló diplomáticamente, alimentó la desconfianza mutua que precedería a la guerra ruso‑japonesa.
Muerte de Alejandro III y coronación de Nicolás II
En 1894, Japón venció a China en la Primera Guerra Sino‑japonesa, lo que aumentó su influencia en Corea. Ese mismo año, Alejandro III murió y Nicolás II ascendió al trono. Mientras Rusia reforzaba la Alianza Franco‑Rusa en Europa, sus relaciones con Japón se deterioraban rápidamente, sentando las bases del conflicto que estallaría en 1904.