El carácter vibrante y controvertido de Enrique VIII, heredero de una gran tradición pero temido durante su reinado, explica en gran medida el origen de la reforma anglicana.
- Al ascender al trono en 1509, Enrique VIII era un católico devoto que se opuso a la reforma luterana de 1517 y persiguió a los protestantes, aunque estos seguían creciendo en Inglaterra.
- Sin embargo, el monarca deseaba una reforma eclesiástica inspirada en los humanistas, que le permitiera fortalecer su autoridad.
En 1534, tras un conflicto matrimonial, se produjo la ruptura definitiva con Roma.

Procedimiento
Después de diez años de matrimonio con Catalina de Aragón sin conseguir un heredero varón, Enrique VIII solicitó al papa Clemente VII (en la época llamado Clemente VIII en el documento) la anulación para casarse con Ana Bolena. El papa se negó.
En respuesta, Enrique nombró a Thomas Cranmer, su confidente, como arzobispo de Canterbury y le encargó disolver su matrimonio. El papa excomulgó al rey.
En 1534, el Parlamento aprobó el Acta de Supremacía, que declaraba a Enrique VIII como Jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, rompiendo los lazos diplomáticos y religiosos con Roma.
Al principio, la Iglesia anglicana mantenía muchas similitudes con la Iglesia romana, constituyendo una vía intermedia entre el protestantismo tolerado en Inglaterra y los excesos percibidos de la Iglesia católica.
La reforma también respondía a intereses políticos y económicos: permitiría a Inglaterra liberarse de la autoridad papal y confiscar los bienes eclesiásticos para la corona.
Posteriormente, bajo el reinado de Eduardo VI, la Iglesia anglicana se acercó al calvinismo.
Consecuencias
- Inglaterra se alineó más con los países protestantes del norte, modificando el equilibrio de alianzas en Europa.
- Enrique VIII contrajo seis matrimonios, dos de los cuales terminaron con la ejecución de sus esposas.