
Al final del siglo XIX, Londres era la metrópolis más grande del mundo occidental y la capital de un imperio cuyo sol nunca se ponía. La Reina Victoria, en el trono desde 1837 y Emperadora de la India desde 1876, simbolizaba una supremacía que parecía indestructible. Sin embargo, en el sombrío East End, cerca de Whitechapel, una serie de brutales asesinatos contra prostitutas en 1888 reveló la cara más oscura de la sociedad británica.
Los barrios marginales del East End
El 31 de agosto de 1888 el cuerpo de Mary Ann Nichols, de 43 años, fue encontrado en Buck's Row. La mujer, empujada a la prostitución por la pobreza, había sido estrangulada, degollada, su abdomen abierto y sus genitales mutilados. Una semana después, el 8 de septiembre, apareció el cadáver de Annie Chapman en un patio de Spitalfields; también había sido asesinada y eviscerada, con la vagina, útero y vejiga extraídos. A finales de septiembre se identificaron a dos víctimas más, Elizabeth Stride y Catherine Eddowes, esta última brutalmente mutilada, con órganos internos retirados y colocados cerca de su rostro.
Estos crímenes despertaron una enorme conmoción en una ciudad acostumbrada a la niebla y a la miseria, pero nunca a asesinatos tan ritualizados. La ausencia de robo y el patrón de mutilaciones sugerían a un único asesino con motivaciones perversas, aunque la policía carecía de pruebas o testimonios.
La carta roja: el nacimiento del mito
Unos días antes de los asesinatos de Elizabeth y Catherine, la prensa recibió una carta escrita con tinta roja y firmada como "Jack el Destripador". El mensaje reclamaba los crímenes y anunciaba futuros atentados, alimentando una histeria moral que la prensa explotó sin pudor.
Una prensa sensacionalista
Los diarios londinenses, desde The Star hasta The Illustrated Police News, multiplicaron sus ventas al cubrir los asesinatos con detalles escabrosos y titulares alarmantes. Incluso periódicos respetados como The Times y The Guardian se sumaron a la ola, y la cobertura pronto cruzó fronteras, convirtiendo a Jack el Destripador en una figura internacional.
La investigación policial
El caso quedó inicialmente a cargo del detective Edmund Reid, jefe de la policía municipal de Whitechapel, y pronto contó con la intervención de Scotland Yard bajo Frederick Abberline y, más tarde, Charles Warren. En los meses de septiembre y octubre de 1888 la policía repartió miles de folletos, interrogó a casi 2.000 personas y examinó a más de 300 trabajadores del sector cárnico. Se arrestaron más de 80 sospechosos, entre ellos John Pizer, apodado "Leather Apron", pero ninguno coincidió con el verdadero asesino.
Antisemitismo y chivos expiatorios
El comité de vigilancia liderado por el contratista George Lusk acusó rápidamente a la comunidad judía, que había llegado huyendo de pogromos en Polonia y Rusia. Carteles antijudíos aparecieron en Goulton Street y la policía, temiendo disturbios, los retiró. Miles de cartas anónimas inundaron a Scotland Yard, algunas ofreciendo análisis de grafología o supuestas pistas sobrenaturales.
La carta "From Hell"
En octubre de 1888 llegó a Lusk una segunda misiva acompañada de un fragmento de riñón humano, supuestamente extraído del cuerpo de Catherine Eddowes. El texto, escrito en un inglés educado pero perturbado, reforzó la sospecha de que el asesino buscaba manipular la opinión pública.
El último ataque
El 9 de noviembre, en Miller's Court, se encontró el cuerpo de Mary Jane Kelly, de apenas 23 años. Fue la única víctima asesinada dentro de una vivienda, lo que permitió al asesino refinar sus mutilaciones: desmembramiento completo, rostro desgarrado, senos arrancados y órganos esparcidos por la habitación. El médico forense Thomas Bond describió el caso como el más horrendo que había visto y ofreció el primer perfil psicológico del asesino, descartando la hipótesis de un médico y señalando a un carnicero o matadero como posible autor.
Los sospechosos
Durante los años siguientes se barajaron nombres como Thomas Neill Cream (prisionero en EE. UU.), Sir William Gull (cirujano real), John Williams (ginecólogo de la princesa Beatrice), Aaron Kosminski (judío polaco con trastornos mentales), Montague John Druitt (joven de familia acomodada cuyo cuerpo fue hallado en el Támesis) y el propio príncipe Alberto, duque de Clarence. Todas las teorías fueron descartadas, pero la paranoia social permaneció.
Prostitución y desigualdad social
Los barrios de Whitechapel albergaban a miles de prostitutas, estimadas entre 10.000 y 100.000 según distintas fuentes. El sociólogo Charles Booth, un año antes de los asesinatos, elaboró un mapa de la pobreza en el East End que reveló la terrible situación de vida de los trabajadores, inmigrantes irlandeses y judíos, y los sin techo.
Los crímenes también pusieron en evidencia la hipocresía de la élite victoriana, cuya propia clientela frecuentaba los burdeles. La novela de Robert Louis Stevenson, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886), ya había ilustrado cómo una apariencia respetable podía esconder actos monstruosos; incluso el actor Richard Mansfield, que interpretaba a Jekyll y Hyde, fue sospechado.
Legado cultural
Jack el Destripador nunca fue identificado, pero su figura se convirtió en un arquetipo del asesino serial. Desde la novela de Marie Belloc (1913) hasta el film de Alfred Hitchcock The Lodger (1927) y la obra de Georg Wilhelm Pabst Pandora (1929), la historia del asesino ha inspirado literatura, cine y una comunidad de aficionados conocida como "ripperología". En 2014, el investigador británico Russell Edwards afirmó haber identificado al culpable mediante ADN, pero el caso sigue atrayendo a miles de turistas a Whitechapel cada año.
Línea de tiempo
31 agosto: Mary Ann Nichols es degollada y mutilada.
8 septiembre: Annie Chapman sufre el mismo destino y es eviscerada.
30 septiembre: Elizabeth Stride es asesinada, pero el asesino es interrumpido antes de eviscerarla.
30 septiembre: Catherine Eddowes es brutalmente desmembrada.
9 noviembre: Mary Jane Kelly es encontrada con el cuerpo completamente mutilado, incluido el corazón extraído.
Una prensa xenófoba en busca de sensacionalismo
Los diarios londinenses compitieron por vender más ejemplares, exagerando los detalles sordidos y difundiendo teorías antijudías o sobrenaturales. Algunos incluso sugirieron que el asesino era un periodista en busca de notoriedad.
¿Fueron incompetentes los policías?
Los investigadores cometieron numerosos errores: tardaron en reaccionar, desconocían el territorio, dividieron la cadena de mando y contaron con una fotografía aún incipiente. Las cartas falsas y la falta de pruebas sólidas dificultaron aún más la resolución.
La última víctima y posibles crímenes adicionales
El número de víctimas atribuidas al Destripador sigue siendo objeto de debate. Algunos investigadores incluyen a Alice McKenzie, hallada el 16 julio 1889 con heridas similares, como posible sexta víctima.
La carta del Infierno
En octubre de 1888 se envió a la policía una nota acompañada de un riñón humano. El mensaje decía: "From Hell. Mr Lusk. Sir, I am sending you half of the kidney I removed from a woman…". Aunque la autenticidad nunca se confirmó, la carta se considera la más creíble entre las recibidas.