Introducción
La provincia romana de Asia fue la primera y más occidental de las provincias de Asia Menor. En su mayor extensión abarcó desde la costa del Egeo, al oeste, hasta más allá de Filomelium (actual Akşehir) al este, y desde el mar de Mármara al norte hasta el estrecho entre Rodas y la península de Anatolia al sur.

Origen y formación
La provincia surgió en 133 a.C. cuando Atalo III, rey de Pérgamo, legó sus dominios a Roma. En ese momento la región constaba de numerosos municipios en diferentes etapas de desarrollo, muchos de los cuales habían sido fundados o favorecidos por los seléucidas y los reyes de Pérgamo.
Organización administrativa
Bajo la República romana la provincia estaba gobernada por un ex pretor. Con el Imperio, el gobernador era un cónsul o un procónsul asistido por tres legati, quienes recorrían los distritos para impartir justicia. Existía una asamblea provincial, el Koinon de Asia, que se reunía anualmente en distintas ciudades, elegía a los asiarchos, aprobaba resoluciones y organizaba el culto imperial.
Economía y cultura
Asia era rica en recursos naturales; sus tintes y textiles de lana eran famosos en todo el mundo mediterráneo. Sin embargo, la explotación comercial, los impuestos y las guerras limitaron su proceso de helenización y urbanización. Durante el Imperio, la provincia se recuperó y se convirtió en un centro educativo y cultural del Imperio Romano de Oriente. Allí florecieron importantes comunidades cristianas, se fundaron diócesis y surgieron movimientos como el montanismo.
Declive y legado
A partir del siglo III‑IV, la importancia económica de Asia decayó por el desarrollo de las provincias balcánicas, las necesidades militares y la fundación de Constantinopla, que desvió las rutas de comunicación del Egeo hacia el noroeste. Aun así, sus reservas agrícolas y su mano de obra fueron esenciales para la supervivencia del Imperio Bizantino. Bajo Diocleciano (284‑305 d.C.) la provincia se dividió en siete provincias menores.