Historia antigua

El Imperio Británico y sus Reformas Victorianas

De los imperios coloniales surgidos en la Edad Moderna (siglo XIX), fue precisamente el Imperio Británico el que alcanzó una expansión formidable en la época contemporánea. Inglaterra se convirtió, gracias a ello, en la nación más poderosa del planeta. En ese mismo periodo surgieron otros imperios coloniales, como los italiano y alemán. El Imperio Británico se consolidó bajo el reinado de la reina Victoria I.

El Imperio Británico en la Era Victoriana (1837‑1901)

El Imperio alcanzó su mayor preponderancia a finales del siglo XIX, durante el famoso reinado de la soberana Victoria I, quien dio nombre a la Era Victoriana. Ese periodo convirtió a Inglaterra en la primera potencia industrial, comercial, política, cultural y militar del mundo, la Reina de los Mares, la nación líder del globo.
Este auge se manifestó en:
– La creación de un colosal imperio colonial, con unos 28 millones de km² (más de una quinta parte de la superficie terrestre) y una población de 300 millones de habitantes.
– El florecimiento de su industria, comercio y navegación.
– La implementación de reformas políticas, sociales y económicas que beneficiaron al pueblo inglés.
Entre los políticos que dirigieron a Inglaterra en esa época destacan los primeros ministros William Gladstone y Benjamin Disraeli, líderes de los partidos Liberal y Conservador, respectivamente.

Reformas inglesas

Desde finales del siglo XVII, Inglaterra había avanzado hacia una monarquía constitucional, donde el rey "reina pero no gobierna", y había establecido el sistema parlamentario. Sin embargo, a comienzos de la era contemporánea persistían graves problemas políticos, sociales, económicos y religiosos que limitaban las libertades y derechos de la población. El país seguía regido por una aristocracia basada en la desigualdad y los privilegios de grandes terratenientes, la nobleza y las clases adineradas; el Parlamento, y en particular la cámara de los Comunes, representaba más a esas élites que al ciudadano común. En los siglos XIX y XX, a través de sucesivas reformas pacíficas y sin revoluciones, Inglaterra se transformó en un auténtico Estado democrático, garantizando la plenitud de libertades y derechos. Estas reformas comenzaron bajo Jorge IV (1820‑1830), continuaron bajo Guillermo IV (1830‑1837) y se consolidaron durante el reinado de Victoria I (1837‑1901), con la colaboración de sus primeros ministros Gladstone y Disraeli. También jugaron papeles relevantes políticos como Lord Grey, Robert Peel y el irlandés Daniel O'Connell.

Reformas políticas

En aquel entonces, Inglaterra no contaba con sufragio universal: sólo una minoría podía votar o ser elegida, el voto no era secreto y era necesario ser propietario o tener ingresos fijos para presentarse como candidato.

Los sistemas electorales

La Cámara de los Comunes representaba solo una parte de la nación. Los electores de condado (circunscripciones rurales), unos 420 000, elegían a 300 diputados; los de las burgues (ciudades), unos 15 000, a 467. Cada una de las 37 "burgues podridas" que habían desaparecido o reducido a una sola sede conservaba dos diputados, mientras que las grandes ciudades emergentes no tenían representación. Se impusieron tres reformas para redistribuir mejor la representación, ampliar el número de votantes y garantizar la pureza del voto.

Reforma de 1832

Se abolió la representación parlamentaria de 36 "burgues podridas" con menos de 2 000 habitantes y se redujo a un solo diputado a cada burgue con más de 4 000 habitantes. Además, se concedió el derecho a elegir representantes a 47 grandes ciudades industriales que antes carecían de ellos, incorporando a la clase media y al proletariado en la vida política.

Reforma de 1872

Se instauró el voto secreto en Inglaterra.

Reforma de 1818

Se otorgó el derecho al voto a todos los hombres mayores de 21 años y, también, a las mujeres mayores de 30 años.

Reforma de 1882

Se sancionó definitivamente el sufragio universal, concediendo el derecho al voto a todos los ciudadanos mayores de 21 años sin distinción. Así, el Parlamento británico pasó a ser el órgano que verdaderamente representaba a la nación.

Reformas económicas

Reforma de 1846

Se derogó la Ley de los cereales, que prohibía la entrada de trigo extranjero y mantenía el precio del trigo nacional artificialmente alto. Esa medida proteccionista favorecía a los grandes terratenientes, pero encarecía el pan al impedir el libre comercio. La norma era conocida como la Ley del Hambre.

Reforma de 1849

Se introdujo el Libre Comercio en Inglaterra, permitiendo la libre entrada de mercancías extranjeras al mercado británico. Además, se abolió la Ley de Navegación, abriendo los puertos a barcos de todas las naciones y dando un impulso vigoroso a la actividad industrial y comercial.

La cuestión irlandesa

Irlanda, subyugada por Inglaterra desde el siglo XII, sufrió la expropiación de sus tierras por los invasores ingleses. Mayoritariamente católica, la población estaba prohibida de ocupar cargos públicos y de elegir representantes al Parlamento británico, y debía pagar contribuciones a la Iglesia protestante, contraria a su credo. De allí surgieron los tres grandes problemas que marcaron la vida irlandesa en la época contemporánea: el problema agrario, el religioso y el político.

Problema agrario

Fue el más difícil de resolver, pues provocó violentos conflictos entre terratenientes y arrendatarios. Finalmente, el Parlamento aprobó la triple petición presentada por los irlandeses liderada por el político William Pamphlet, que estableció:

  • Un arrendamiento justo y equitativo para los irlandeses.
  • El derecho del inquilino a no ser desalojado mientras pague la renta acordada.
  • La compensación al arrendatario por mejoras realizadas en la tierra. Posteriormente, se creó un fondo especial para comprar tierras irlandesas a sus propietarios ingleses, resolviendo el conflicto agrario.

Problema religioso

Se solucionó con reformas que:

  • Concedieron igualdad de derechos entre católicos y protestantes, permitiendo a ambos ser elegidos diputados y ocupar cargos públicos.
  • Suprimieron el carácter oficial de la Iglesia anglicana en Irlanda, reconociendo la libertad de culto católica.
  • Eliminó el pago de contribuciones a dicha iglesia, logrando la emancipación católica.

Problema político

En 1870 se fundó el partido Home Rule (Autogobierno), que reivindicaba el derecho de Irlanda a gobernarse a sí misma. Esta aspiración encontró fuerte oposición en Inglaterra y tardó en resolverse. Finalmente, tras la Primera Guerra Mundial, el Parlamento británico concedió la Ley de Autonomía a Irlanda en 1922, dividiéndola en dos regiones con gobiernos propios: el Estado Libre Irlandés y el Norte de Irlanda (Ulster). El Estado Libre permaneció en la Commonwealth hasta 1937, cuando declaró su independencia; Ulster siguió formando parte del Reino Unido.

El Imperio Colonial Británico

El Imperio británico se expandió considerablemente, tanto por conquista como por anexiones pacíficas y guerras. Sus posesiones incluían:
– En Asia: India, Birmania, los Estados de la península malaya, Singapur, Ceilán, Baluchistán; más tarde Hong Kong, Shanghái, etc.
– En África: Egipto, Sudán, el Estado Libre de Orange, Transvaal, Natal (Sudáfrica), entre otros.
– En América: Canadá, Terranova, Jamaica, Guayana Británica, Honduras Británica (Belice), Islas Malvinas (Falkland), etc.
– En Oceanía: Australia, Nueva Zelanda y numerosas islas del Pacífico.