Historia antigua

El Imperio Alemán

El Imperio Alemán nació el 18 de enero de 1871, cuando los monarcas alemanes se reunieron en Versalles y proclamaron a Guillermo I como emperador. El nuevo Estado, conocido como Deutsches Reich o Kaiserreich, se constituyó como una federación de 28 estados. En sus 47 años de existencia, el imperio se convirtió en una de las potencias industriales más fuertes del planeta y en una gran potencia mundial. Limitaba al este con el Imperio ruso, al oeste con Francia y al sur con el Imperio austrohúngaro.

Poderes del Estado del Imperio Alemán

La constitución centralizó el gobierno en dos ramas principales:

Rama Ejecutiva

Ejercida por el emperador, asistido por el canciller, jefe del gabinete ministerial y máxima autoridad de la administración federal.

Rama Legislativa

Formada por el Bundesrat, consejo federal compuesto por delegados de los estados, y por el Reichstag, cuyas diputaciones eran elegidas por el pueblo alemán (un diputado por cada 100.000 habitantes). Berlín fue declarada la capital del Imperio.

Guillermo I, emperador del Imperio Alemán

Guillermo I de Prusia, proclamado Kaiser de Alemania, reinó de 1871 a 1888. Durante su mandato, la política estuvo dominada por el canciller Otto von Bismarck, un hombre enérgico y autoritario que persiguió a los católicos y a cualquier opositor a sus políticas.
La campaña contra la Iglesia católica, conocida como Kulturkampf (lucha por la cultura), se tradujo en persecuciones, expulsiones de órdenes religiosas y prohibiciones para que sus miembros accedieran a cargos docentes. A pesar de estas medidas, Bismarck no logró debilitar la unidad ni la influencia del catolicismo en Alemania.
En política exterior, Bismarck creó la Triple Alianza (Alemania, Austria‑Hungría e Italia) y reforzó la política colonial al adquirir posesiones en África y Oceanía.

Guillermo II (1859‑1941)

Tras la muerte de Guillermo I en 1888, le sucedió su hijo Federico III, cuyo reinado duró apenas tres meses. El trono pasó entonces a Guillermo II, un monarca autocrático que, tras despedir a Bismarck, concentró todo el poder en sus manos y gobernó de forma absolutista.
Wilhelm II quiso convertir a Alemania en una de las naciones más poderosas del mundo, impulsando la marina, la industria, el comercio y la expansión colonial. Motivado por una visión imperialista y la búsqueda de "espacio vital" para el pueblo alemán, estableció alianzas con otras potencias europeas y preparó al país para la guerra. Ese clima beligerante culminó en la Primera Guerra Mundial (1914‑1918), que provocó la derrota de Alemania, la abdicación de Guillermo II y la abolición de la monarquía.

Los soberanos de Prusia en el Imperio Alemán

El Imperio Alemán surgió bajo la influencia del gobierno prusiano, adoptando una naturaleza de monarquía militar donde el emperador, como jefe del ejército, ostentaba el poder soberano por derecho divino.
Desde 1871 hasta la revolución de 1918, Alemania tuvo tres emperadores: Guillermo I, Federico III y Guillermo II. Durante el largo reinado de Guillermo I (hasta 1888), Bismarck dirigió la política. Federico III, hijo de Guillermo I, falleció tras tres meses de mandato (marzo‑junio de 1888). Su hijo, Guillermo II, de 29 años, obligó a Bismarck a dimitir en 1890 y asumió el control absoluto.

La posición católica y el Kulturkampf

Bismarck, como canciller, empleó métodos violentos contra sus opositores y mostró una especial animosidad hacia los católicos, a quienes acusó de estar siempre del lado de Austria contra Prusia. Utilizó la oportunidad del conflicto doctrinal surgido tras la declaración del dogma de la infalibilidad papal (Concilio de 1870) para atacar a los católicos que la rechazaron.
Entre las medidas más duros se encontraban la prohibición de ejercer funciones docentes a miembros de órdenes religiosas, la expulsión de los jesuitas y otras congregaciones (1872) y la ruptura de relaciones diplomáticas con el Vaticano.
Aunque esas medidas no lograron su objetivo, los católicos organizaron el Partido Católico, disciplinado y rápidamente influyente, que siguió siendo una fuerza política relevante en la mayoritariamente protestante Alemania.