Contexto de la batalla
El sargento Remy Sritzen, miembro de la Legión Flamenca de la SS, comandaba un equipo de la 5ª compañía antitanque. El 31 de diciembre de 1944 su unidad, integrada en la División SS de Panzergrenadiers "Das Reich", se desplegó en la zona de Zhytomyr, enfrentándose al Frente Ucraniano 1 del Mariscal Vatutin. La legión flamenca había sido renombrada como Brigada de Asalto "Langemarck".
Primer contacto con los tanques soviéticos
«Escucho tanques, Remy», le indicó el líder de celda. «Es un T‑34, Jan», respondió él, mirando a través del visor del cañón antitanque para intentar identificar al enemigo. Al ver el primer tanque, gritó al comandante de compañía, el capitán Knorr: «¡Allí vienen, señor!», levantó sus binoculares y añadió: «¡Alerta! ¡Todos preparados!».
Sritzen comenzó a contar los tanques que se aproximaban, pero tras el vigésimo quinto perdió la cuenta: eran demasiados. Los T‑34 avanzaban a unos 1.800 m, separándolos de las posiciones flamencas. La compañía acababa de recibir cañones antitanque de 75 mm RAK 40 y todos esperaban verlos en acción. «Bueno, Remy, pronto descubriremos lo eficaces que son», le comentó su camarada Yann.
El primer disparo
Sritzen dejó que el tanque enemigo se acercara unos 200 m antes de apuntar con el visor del cañón. El T‑34 pasó por una cornisa, se detuvo y abrió fuego. La proyectil soviético rozó el cañón de Sritzen, que respondió al instante. La bala perforante del RAK 40 impactó entre la torreta y el casco del T‑34, haciendo que la torreta se elevara brevemente antes de caer al suelo con un fuerte golpe.
El contraataque y las heridas
Sin tiempo para celebrar, los demás T‑34 respondieron disparando en masa. Un segundo proyectil casi destruye el cañón de Sritzen, que logra esquivar el impacto en el último momento. Esquirlas de la explosión alcanzan su casco; el sargento se cubre con el suelo para evitar la muerte. Otro proyectil estalla cerca, hiriéndole el hombro derecho, aunque aún puede mover el brazo. Sin perder la compostura, vuelve a colocar la mira y dispara de nuevo, mientras uno de sus asistentes resulta mortalmente herido.
Una lluvia de tanques
Los soviéticos siguieron avanzando, disparando continuamente con sus cañones y ametralladoras. Sritzen, con precisión quirúrgica, impactó un T‑34 que intentaba escalar una protuberancia del terreno, destruyéndolo por completo. Los tripulantes supervivientes intentaron escapar del vehículo en llamas.
De pronto, cuatro T‑34 dirigieron su fuego contra el cañón de Sritzen. Las explosiones cercanas hirieron gravemente a otro de sus asistentes y volvieron a herir al sargento. Al ver la infantería soviética acercarse, Sritzen sacó su subfusil y descargó un cargador completo, abatendo a la mayoría de los atacantes.
El último ataque
Un soldado soviético, antes de caer, le clavó su bayoneta en la laringe a pocos centímetros de la tráquea. Tras una curación rápida, el sargento volvió al combate y destruyó un tercer T‑34.
Resultado
Cuando el asalto soviético fue repelido, quedaron 19 restos de T‑34 ardiendo frente a la posición flamenca. Fue un episodio local dentro de la gran batalla de los tanques, pero destaca por la valentía del sargento y la devastadora efectividad de los cañones RAK 40.