Introducción
La Guerra de los Cien Años (1337‑1453) fue el conflicto militar más prolongado de la Europa medieval y uno de los más largos de la historia, con una duración total de 116 años, aunque intermitente.
Su causa principal fue la pretensión de la dinastía Plantagenet inglesa de dominar los territorios franceses que consideraban su herencia por derecho de sangre.
En 1328 el rey francés Carlos IV murió sin descendencia. El trono quedó disputado entre su primo Felipe de Valois, quien se proclamó Felipe VI, y Eduardo III de Inglaterra, sobrino del difunto monarca.
Fase I (1337‑1360)
Durante esta etapa los ingleses, bajo el mando del célebre Príncipe Negro, Eduardo de Gante, lograron una hegemonía total, conquistando amplias zonas del norte y centro de Francia y venciendo al ejército francés en las batallas de Crécy (1346) y Poitiers (1356).
Fase II (1364‑1380)
Con la dirección del rey Carlos V y el talento del caudillo de Gascuña, Bertrand du Guesclin, Francia recuperó casi todo el territorio inglés en el suroeste, quedando a los ingleses sólo Calais y la costa normanda del Canal de la Mancha.
Fase III (1381‑1428)
Los ingleses, ahora bajo Enrique V, volvieron a imponerse, destacándose la victoria en la famosa batalla de Agincourt (1415).
Fase IV (1429‑1453)
Inspirados por la figura emblemática de Juana de Arco, los franceses revertieron la situación, lograron expulsar a los ingleses del territorio continental y, en 1453, pusieron fin al conflicto, aunque Calais permanecería bajo dominio inglés durante casi un siglo más.
Participación europea
El conflicto no se limitó a Inglaterra y Francia. Con el tiempo, potencias de toda Europa occidental – Escocia, Ginebra, Portugal, los reinos castellano y aragonés, Navarra, los duques de Borgoña y Flandes, e incluso Bohemia – se vieron involucrados directa o indirectamente.
Contexto y legado
La guerra coincidió con la expansión de la peste negra, que devastó a la población europea, y con la aparición masiva de la pólvora y las armas de fuego en los campos de batalla y los asedios. El tradicional arco largo inglés, inicialmente dominante, fue superado por la superioridad de los cañones y mosquetes franceses en la fase final.
Otro legado fundamental fue la consolidación de la conciencia nacional francesa. Lo que comenzó como una disputa feudal se transformó en una guerra de naciones, sentando las bases de los futuros estados nacionales de Francia e Inglaterra.