Orígenes prehistóricos
La lanza es una de las armas más antiguas que ha conocido la humanidad. Desde la prehistoria, nuestros antepasados la utilizaban tanto para la caza como para la guerra, convirtiéndola en una herramienta formidable e insustituible.
La lanza en la Antigüedad
Ya en el V milenio a.C., la lanza era una de las armas básicas de los soldados. Hallazgos arqueológicos en Egipto, Mesopotamia y Grecia, y más tarde en el norte de Europa, confirman que los guerreros portaban una lanza como arma principal.
Los sumerios, alrededor del 2500 a.C., organizaron la primera "falange" de lanceros. En contraste, los egipcios, al igual que la mayor parte de los pueblos del Oriente, se inclinaban más por la jabalina ligera.
En Grecia, desde la época minoica y cicládica, la lanza era el arma predominante. En el famoso fresco del “convoy” de Akrotiri (Santorini) aparecen guerreros con largas lanzas y escudos. Estas lanzas de 3‑3,5 m, conocidas como sarissas o enghi, se convirtieron en el símbolo de la falange griega.
La lanza en la época clásica y romana
En el Oriente, los acadianos, los reinos neo‑sumerios y, posteriormente, asirios, babilonios, medos y persas continuaron usando la lanza hasta el siglo XVIII a.C. En el mundo occidental, los etruscos y, sobre todo, los romanos adoptaron la lanza como arma principal de sus infantes de línea.
Los romanos “redescubrieron” la lanza, equipando a sus auxiliares y a algunas legiones. En el Imperio Bizantino, la lanza fue sustituida temporalmente por armas más ligeras que podían lanzarse, pero pronto volvió a ocupar su lugar en la infantería hasta la caída del imperio.
De la Edad Media a Napoleón
Desde los primeros siglos de la Edad Media, la lanza se difundió por todo el mundo, convirtiéndose en una arma verdaderamente universal. En el Oriente su uso persistió hasta principios del siglo XX. En Occidente, empezó a perder protagonismo a partir del siglo XV, cuando la sarissa y otras armas de asta la reemplazaron gradualmente.
No obstante, la lanza (en sus formas tradicionales y como sarissa) permaneció en los ejércitos europeos hasta las Guerras Napoleónicas. Rusos y prusianos, ante la escasez de mosquetes, equiparon a sus guardias nacionales con lanzas.
Características y legado
La lanza es un arma de empuje diseñada para perforar. Su gran longitud otorgaba una ventaja decisiva frente a enemigos armados con armas más cortas. Sin embargo, a corta distancia la lanza pierde efectividad, ya que el combate cuerpo a cuerpo exige otra clase de arma.
Para maximizar su poder, los combatientes aprendieron a luchar en grupo, creando un “bosque” de puntas que dificultaba el avance enemigo: la famosa falange de lanceros griega, reforzada con el escudo hoplon. Mientras la falange griega combinaba potencia ofensiva y defensiva, la mayoría de las formaciones de lanceros a lo largo de la historia dependían más de su defensa, siendo particularmente eficaces contra la caballería.
Con la aparición del fusil de chispa, la lanza y la sarissa fueron desplazándose del campo de batalla, salvo en la forma del bayoneta, que sigue vigente como arma de combate cercano, aunque ya no se usa contra la caballería.