La Operación “Sarissa”, de haberse ejecutado, habría podido cambiar drásticamente el curso de la Segunda Guerra Mundial desde sus inicios. Cuando en 1939 la Alemania nazi y la Unión Soviética firmaron el infame Pacto Ribbentrop‑Molotov, el mundo quedó sorprendido.
Objetivos contrapuestos de Hitler y Stalin
Para Hitler el pacto le liberó la mano, permitiéndole concentrar sus fuerzas en Francia y los Países Bajos. Para Stalin, el acuerdo le dio tiempo para absorber la parte oriental de Polonia y, posteriormente, los países bálticos, Rumanía y Moldavia.
Reacción de los Aliados
Los británicos y franceses no aceptaron el acercamiento entre Hitler y Stalin, sobre todo tras la humillante división de Polonia. Además, en noviembre de 1939 Stalin invadió Finlandia, iniciando la Guerra de Invierno.
Desde entonces, los Aliados comenzaron a elaborar planes contra la URSS, a la que consideraban el aliado esencial de Hitler porque el pacto garantizaba el suministro de materias primas críticas, como el petróleo y alimentos.
Los primeros planes de bombardeo
En febrero de 1940, el comandante en jefe francés Maurice Gamelin presentó un proyecto preliminar para bombardear la región petrolífera de Bakú desde Siria. Según sus proponentes, esos ataques podrían provocar el colapso total de la Unión Soviética.
Más del 90 % de la producción petrolera soviética y más del 80 % de sus refinerías se encontraban en el Cáucaso, lo que hacía a Bakú, Batumi y Grozni objetivos estratégicos.
Operación Sarissa
El plan francés fue ampliado por los británicos en marzo de 1940 y rebautizado como “Western Air Plan 106”, con el nombre en código Operación Sarissa. La RAF realizó misiones de reconocimiento con un Lockheed 14 Super Electra equipado con cámaras estereoscópicas desde Irak.
El 5 de abril, pese a la defensa antiaérea soviética, el avión logró sobrevolar el territorio sin ser interceptado. Las fotografías revelaron que las instalaciones petrolíferas de Bakú y Batumi eran particularmente vulnerables, mientras que Grozni resultaba más difícil de atacar.
Para la operación se asignaron cuatro escuadrones de la RAF (48 bombarderos Bristol Blenheim Mk IV) y varios bombarderos de largo alcance Wellesley. Francia aportaría 65 Martin Maryland y 24 Farman F.222.
El plan, supervisado por el brigadier de la RAF John Slessor, estaba previsto para iniciar el 15 de mayo y tendría una duración de tres meses.
Obstáculos y cancelación
Los franceses presionaban para su ejecución inmediata, pero los británicos temían que los bombardeos provocaran una alianza formal entre Hitler y Stalin. En mayo de 1940, la ofensiva alemana contra Francia cambió el panorama: la caída de Francia y la captura de los documentos del alto mando francés en la villa de Charité (conocidos como los “Escritos de Charité”) revelaron los planes contra la URSS y la intención de abrir un frente balcánico.
Con la derrota francesa, la Operación Sarissa fue abortada, aunque los alemanes informaron a Stalin de los planes británico‑franceses.
Así, aunque la idea de destruir el suministro de petróleo soviético estuvo a punto de materializarse, los acontecimientos rápidos de 1940 impidieron que la Operación Sarissa alterara el rumbo de la guerra.