Historia antigua

SAS – Malvinas: Los comandos de élite británicos en una incursión ejemplar

SAS – Malvinas: Los comandos de élite británicos en una incursión ejemplar

Contexto de la Guerra de Malvinas

La Guerra de Malvinas estalló el 2 de abril de 1982 cuando Argentina ocupó las islas homónimas y la isla de Georgias del Sur. El Reino Unido respondió y, pocos días después, sus buques se acercaron a las islas.

Base aérea de Pebble Island

Pebble Island es una de las numerosas islas del archipiélago. Está situada al norte de las Islas Malvinas Oeste y albergaba una base aérea argentina donde operaban los aviones de ataque FMA IA 58 Pucará, los entrenadores ligeros T‑34 Turbo Mentor y varios aviones de transporte. En la base también existían depósitos de municiones y combustible.

Tras la ocupación, los argentinos construyeron la base en Pebble Island, lo que supuso una amenaza seria para las fuerzas británicas, pues los aviones podrían atacar a las tropas de desembarco previstas.

Por ello se decidió destruir la base y sus aeronaves. La misión fue encomendada al famoso SAS (Special Air Service), parte de las Fuerzas Especiales británicas.

Reconocimiento y cambio de planes

Un equipo de la D Squadron del SAS realizó un reconocimiento llegando a la isla en canoa. Los expertos concluyeron que, debido al mal tiempo, el helicóptero que transportaría al asalto dispondría de solo 30 min en la zona, ya que el tiempo de vuelo se incrementaría.

Este informe obligó a los británicos a replantear su objetivo: en lugar de neutralizar al personal, la prioridad pasó a destruir los aviones.

Preparativos

El asalto se programó para la noche del 14‑15 de mayo. La operación fue dirigida por el Mayor Cedric Delves del 22.º Regimiento SAS, con el capitán Gavin Hamilton como segundo al mando y comandante de la D Squadron. Un total de 45 soldados fueron transportados a la isla en dos helicópteros Westland Sea King HC4 de la 846 Naval Squadron.

Los comandos desembarcaron a 6 km de la base, portando cargas explosivas, lanzagranadas antitanque L1A1 (conocido como LAW de 66 mm) y fusiles M‑16, algunos equipados con lanzagranadas modificados. El apoyo naval lo proporcionó el destructor HMS Glamorgan.

El asalto

Los comandos aterrizaron sin incidentes desde el portaaviones HMS Hermes. Algunos se posicionaron alrededor del perímetro de la zona de aterrizaje mientras la sección de asalto avanzaba hacia el objetivo.

Al acercarse a los aviones, los británicos colocaron explosivos en siete de ellos. Tras la colocación, abrieron fuego con sus armas y lanzagranadas antitanque, impactando todos los aviones presentes.

Ese disparo fue la señal para que el HMS Glamorgan también abriese fuego con sus dos cañones de 114 mm (4,5 in), alcanzando con precisión los depósitos de combustible y municiones argentinos.

La guarnición argentina, compuesta por 150 marines bajo el mando del capitán Ricardo Marega, fue tomada por sorpresa y no reaccionó hasta que los británicos habían concluido la operación y se preparaban para retirarse. Un británico resultó herido; los comandos, en respuesta, dispararon contra el capitán argentino y obligaron a sus hombres a rendirse.

Los británicos se retiraron sin mayores dificultades, evacuando a su herido y embarcándose en los helicópteros de regreso al portaaviones.

Resultados

El impacto fue notable tanto militar como psicológicamente. Se destruyeron un total de 11 aeronaves (seis Pucará, cuatro T‑34 Turbo Mentor y un Short SC‑7 Skyvan) y se arrasaron los depósitos de municiones y combustible.

Con ello se eliminó la amenaza para las fuerzas de desembarco británicas y se minó la moral argentina, mientras que la moral británica se vio reforzada.

SAS – Malvinas: Los comandos de élite británicos en una incursión ejemplar

El entonces mayor Delves (a la izquierda) frente a un Pucará argentino destruido.

SAS – Malvinas: Los comandos de élite británicos en una incursión ejemplar