Incentivos económicos
Salarios bajos
Los niños recibían salarios mucho menores que los adultos, lo que permitía a los dueños reducir costos y aumentar beneficios.
Manos pequeñas
Sus manos pequeñas los hacían aptos para tareas que requerían delicadeza, como operar maquinaria fina.
Jornadas extensas
Las fábricas funcionaban largas horas y los menores estaban dispuestos a trabajar esos turnos, incrementando la productividad.
Factores sociales y culturales
Demanda de mano de obra
La rápida industrialización y urbanización generó una gran necesidad de mano de obra barata; los niños de familias pobres estaban disponibles.
Pobreza familiar
Muchas familias vivían en la indigencia y enviaban a sus hijos al trabajo para complementar el ingreso familiar.
Falta de educación
La educación obligatoria no se implementó hasta finales del siglo XIX, por lo que muchos niños carecían de acceso a la escuela. El trabajo en fábrica se veía como una alternativa.
Creencias culturales
Se creía que el trabajo inculcaba disciplina, carácter y practicidad; el trabajo infantil se consideraba una forma de enseñar responsabilidad.
Aprendizajes y aprendices
Algunos niños eran contratados como aprendices para aprender un oficio, aunque en la práctica estas “aprendizajes” eran a menudo explotadores y carecían de protección.
En conjunto, el empleo infantil en las fábricas victorianas estaba marcado por condiciones precarias, jornadas largas y escasos derechos, lo que provocó sufrimiento generalizado y, finalmente, la aparición de reformas y leyes laborales destinadas a proteger a los menores.