Pruebas de agua
Se creía que las brujas eran más pesadas que una persona normal porque albergaban maldad. Por ello se les sometía a la “prueba del agua”. Si la víctima se hundía, se consideraba inocente, pues el agua la aceptaba. Si flotaba, se interpretaba como señal de brujería, ya que el agua “sagrada” la rechazaba.
Pinchado y marcas de bruja
Según la creencia popular, el diablo dejaba una “marca del diablo” en la piel de la bruja para alimentarse de su sangre durante la noche. En los juicios, los acusados eran pinchados con una aguja para localizar esas marcas. Si el punto no sangraba ni provocaba dolor, se tomaba como prueba de que la marca era real y, por tanto, de brujería.
Pruebas de apariencia física
Se tomaban como indicios ciertos rasgos físicos poco comunes: estrabismo, cabello rojo, lunares de nacimiento, entre otros. Estos rasgos se consideraban “señales del diablo” y podían desencadenar acusaciones.
Pruebas con animales
Se creía que los animales, especialmente los perros, percibían la presencia del mal. En un juicio, se acercaba un perro al acusado; si el animal mostraba agresividad, miedo o evitaba al sospechoso, se interpretaba como evidencia de brujería.
Es fundamental señalar que todas estas pruebas carecían de fundamento científico, estaban plagadas de prejuicios y, en muchos casos, llevaron a la condena y ejecución de personas inocentes durante los juicios de brujas del siglo XVII.