En la antigua Roma, la mayor parte de la red de abastecimiento de agua se basaba en tuberías fabricadas con plomo.
El plomo como material de elección
El plomo es un metal blando y muy maleable, lo que lo hacía fácil de moldear y unir. Estas características permitían a los artesanos romanos producir tuberías de distintas formas y longitudes de manera rápida y económica.
Riesgos sanitarios
Aunque práctico, el plomo es altamente tóxico. Con el paso del tiempo, pequeñas cantidades del metal se filtraban al agua que transitaba por las cañerías, contaminándola y exponiendo a la población a problemas de salud como trastornos neurológicos y gastrointestinales.
Otras alternativas
En algunos casos, los romanos también empleaban materiales como la arcilla cocida o la piedra, pero el plomo siguió siendo el más extendido debido a su facilidad de uso.