Los antiguos griegos no utilizaban electroimanes, ya que el fenómeno del electromagnetismo no se descubrió hasta el siglo XIX.
En la Antigüedad, los griegos conocían la magnetita natural, conocida como “lodestone”, y la utilizaban para observar la atracción de objetos metálicos. Sin embargo, no disponían de la tecnología necesaria para generar campos magnéticos mediante corrientes eléctricas.
El primer experimento que demostró la relación entre electricidad y magnetismo fue realizado por Hans Christian Ørsted en 1820, y a partir de entonces se desarrollaron los primeros electroimanes.