La doctrina católica sobre la resurrección y la vida después de la muerte
Según la enseñanza de la Iglesia, todos los seres humanos serán resucitados al final de los tiempos. Cada persona recibirá un destino eterno: cielo, purgatorio o infierno.
Fundamento bíblico
Esta creencia se apoya en la Sagrada Escritura, que declara: «Todos los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán; los que hicieron el bien, a la resurrección de la vida; y los que hicieron el mal, a la resurrección del juicio» (Juan 5:28‑29).
Los tres estados posteriores
Cielo: es la plenitud de la felicidad y la unión con Dios y los seres queridos.
Purgatorio: es un estado temporal de purificación para quienes, sin haber alcanzado la perfección, están encaminados al cielo.
Infierno: es la separación eterna de Dios, reservada a quienes rechazan su amor y gracia.
Esperanza y consuelo
Para los fieles, la doctrina de la resurrección brinda una profunda esperanza: la muerte no es el fin, sino el umbral de una vida nueva y mejor, garantizada por la promesa divina.