Infraestructura
Suministro de agua: Las ciudades construyeron redes modernas que garantizaban agua limpia y constante para la población.
Alcantarillado: Se instalaron sistemas de alcantarillado más eficientes, lo que redujo la propagación de enfermedades.
Electricidad: La llegada de la energía eléctrica iluminó calles, calefactó hogares y permitió el funcionamiento de nuevos aparatos.
Planificación urbana: Se adoptaron normas de planificación y zonificación que mejoraron la estética, el flujo vehicular y el diseño general de las ciudades.
Transporte
Transporte público: Tranvías eléctricos y metros se convirtieron en medios habituales, facilitando la movilidad urbana.
Automóviles: La mayor accesibilidad de los coches impulsó la expansión de los suburbios y cambió la forma de desplazarse al trabajo y al ocio.
Saneamiento
Recolección de basura: Se establecieron servicios regulares de recogida de residuos, mejorando la higiene y disminuyendo riesgos sanitarios.
Prácticas de higiene: Campañas de salud pública promovieron mejores hábitos higiénicos, reduciendo la incidencia de enfermedades.
Vivienda
Reforma de los barrios de trabajadores: Se introdujeron normas para mejorar las condiciones de los edificios multifamiliares, combatiendo la sobrepoblación y la insalubridad.
Desarrollo suburbano: Gracias al nuevo transporte, surgieron suburbios con viviendas más amplias y asequibles.
Servicios públicos
Bibliotecas públicas: Se crearon bibliotecas gratuitas que ampliaron el acceso a la educación y la cultura.
Parques y áreas verdes: Las ciudades dotaron a sus habitantes de parques y espacios verdes para el esparcimiento.
Salud: Hospitales y clínicas se modernizaron, facilitando una mejor atención médica.
Bomberos: Los cuerpos de bomberos se equiparon y organizaron para responder eficazmente a incendios y emergencias.
Instituciones educativas: Se ampliaron y diversificaron las escuelas y universidades, ofreciendo más oportunidades de estudio.