María Tudor, conocida como “Bloody Mary”, gobernó Inglaterra entre 1553 y 1558 y trató de restablecer el catolicismo. Durante ese periodo ordenó la quema de aproximadamente 300 herejes, lo que le valió el apodo de “la Reina Sangrienta”.
Falleció el 17 de noviembre de 1558 a causa de un cáncer uterino, apenas unas semanas después de la muerte de su esposo, el rey Felipe II de España.