Varios factores provocaron que las colonias americanas y Gran Bretaña se fueran distanciando a lo largo del siglo XVIII.
Diferencias económicas
Las colonias estaban basadas principalmente en la agricultura, mientras que Gran Bretaña se había convertido en una potencia manufacturera. Así, sus intereses económicos divergían: los colonos buscaban exportar sus productos a la metrópoli, y el gobierno británico trataba de proteger sus propias industrias mediante aranceles y regulaciones.
Diferencias políticas
Las colonias disfrutaban de un mayor grado de autogobierno y de tradiciones democráticas incipientes, a diferencia de la monarquía y la aristocracia británicas. Esta disparidad generó tensiones sobre la representación y la autoridad del Parlamento.
Diferencias sociales
La población colonial era mucho más diversa, con una gran cantidad de inmigrantes y una mayor tolerancia religiosa y cultural. Estos valores contrastaban con la sociedad británica más homogénea y conservadora.
Diferencias geográficas
La enorme distancia entre América y Europa dificultaba la comunicación y el transporte, lo que limitaba la capacidad del gobierno británico para ejercer un control efectivo sobre las colonias.
La combinación de estos factores provocó un creciente resentimiento que, a finales del siglo XVIII, llevó a ambos bandos al borde de la guerra.