Los peregrinos no pasaron su primer invierno en una aldea de nativos americanos. Después de llegar a Plymouth en diciembre de 1620, establecieron su asentamiento y se enfrentaron a un invierno riguroso.
Durante esa temporada, el contacto con las tribus locales, como los wampanoag, fue limitado y, en ocasiones, hostil. Los colonos dependieron de sus propios recursos y de los escasos suministros que lograron obtener, mientras trataban de construir refugios y asegurar alimento.
Solo después de la primavera de 1621 comenzaron a desarrollar relaciones más estrechas y colaborativas con los nativos, lo que les permitió recibir ayuda vital que contribuyó a su supervivencia a largo plazo.