El Templo de Artemisa en Éfeso, también llamado Artemision, fue la cuarta de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Su construcción comenzó alrededor del 560 a.C. y se completó cerca del 440 a.C. Los arquitectos que lo diseñaron fueron Teodoro de Samos, Ctesifón y Metágenes.
Artemisa es la diosa griega de la caza y la virginidad.
Las ruinas de Éfeso se encuentran hoy cerca de la ciudad turca de Selçuk, a 50 km al sur de Esmirna.
Se considera que este templo funcionó como el primer banco del mundo, ya que permitía depositar dinero y retirarlo más tarde con intereses.
Destrucción y restauración
El 21 de julio de 356 a.C. el templo fue incendiado por Heróstrato, quien buscaba la fama. Tras descubrirse su culpa, los magistrados de la ciudad lo torturaron y ejecutaron, prohibiendo que se pronunciara su nombre bajo pena de muerte. Esta prohibición se mantuvo durante 23 años, hasta que Alejandro Magno financió su restauración y encargó la obra al arquitecto Dinócrates. La reconstrucción se completó más de dos siglos después; sin embargo, cuando los efesios supieron que el benefactor había nacido el mismo año —y, según la tradición, la misma noche— del incendio, su nombre quedó al descubierto.
Destrucción definitiva
El templo sufrió varios golpes: fue saqueado por el emperador Nerón, robado por una expedición de godos del Mar Negro alrededor del 262 d.C., y gravemente dañado por terremotos. En 381 d.C., el edicto general de Teodosio cerró permanentemente el templo, como ocurrió con otros santuarios paganos, y lo transformó en una cantera de piedra.
El templo es mencionado en los Hechos de los Apóstoles (19:23‑40), donde se relata una revuelta provocada por la predicación de Pablo de Tarso.