Preparación
La víctima, generalmente un guerrero capturado, un esclavo o un criminal, era vestida con elaborados tocados, joyas y ropas ceremoniales, convirtiéndola en una ofrenda sagrada para los dioses.
Procesión
Junto a sacerdotes, músicos y una gran procesión, la víctima era conducida al sitio del sacrificio, que habitualmente se encontraba en la cima de una pirámide o templo.
Danza ceremonial
Antes del acto, se ejecutaba una danza ritual acompañada de música y cantos. La coreografía simbolizaba el tránsito de la víctima al más allá.
Atadura y posicionamiento
Una vez en el altar, la víctima era sujeta con cuerdas o correas que inmovilizaban brazos, piernas y torso. La postura variaba según la deidad a la que se destinaba el sacrificio.
Extracción del corazón
El sumo sacerdote utilizaba un cuchillo de obsidiana para abrir el pecho, cortar las costillas y llegar al corazón. Con destreza, extraía el corazón aún latiendo y lo ofrecía a la deidad como símbolo de sustento.
Disposición final
Tras la extracción, el cuerpo era arrojado por los escalones de la pirámide o se disponía de forma ceremonial. La sangre derramada se consideraba sagrada y se untaba sobre los ídolos.
Es importante señalar que no todos los sacrificios humanos se realizaban de esta manera; existían variantes según la deidad, la ocasión y el contexto sociopolítico.