La antigua ciudad de Bagdad, capital del Califato abasí fundada en el siglo VIII, era una metrópolis magnífica y floreciente. Centro de aprendizaje, arte y cultura, atraía a eruditos, comerciantes y viajeros de todo el mundo.
1. Ciudad amurallada
Bagdad se diseñó inicialmente como una ciudad circular rodeada de altas murallas y puertas fortificadas. Portones como la Bab al‑Kuh (Puerta de la Colina) y la Bab al‑Basrah (Puerta de Basora) sobresalían por sus intrincados relieves y decoraciones ornamentales.
2. La Ciudad Redonda
El núcleo urbano, conocido como la Ciudad Redonda, se situaba en la ribera occidental del río Tigris. Su trazado circular hacía que las principales avenidas irradian desde el palacio central, el Dar al‑Khilafah (Morada del Califato).
3. Palacios y mezquitas
Bagdad albergaba palacios imponentes y mezquitas monumentales. El palacio del califa era una obra maestra arquitectónica con amplias salas, jardines y piscinas. La Gran Mezquita de Bagdad, también llamada mezquita de al‑Mansur, contaba con capacidad para miles de fieles.
4. Distritos comerciales
Los bazares y mercados bullían de actividad. Calles estrechas estaban flanqueadas por tiendas que ofrecían especias, textiles, joyas y artesanías, creando un vibrante escenario de comercio.
5. Centros culturales
La ciudad era famosa por sus instituciones educativas, como la Casa de la Sabiduría (Bayt al‑Hikmah), una biblioteca y academia donde se traducían y estudiaban obras de diversas civilizaciones. Además, había numerosas madrasas y hospitales.
6. Jardines y parques
Los jardines proporcionaban un refugio del bullicio urbano. Entre los más célebres estaban el Jardín del Comandante de los Fieles (Bostan al‑Khatib) y el Jardín del Paraíso (Bostan al‑Firdaws).
7. Puentes y canales
El Tigris era fundamental para el desarrollo de Bagdad. Varios puentes conectaban sus márgenes este y oeste, facilitando el comercio y el tránsito. Un extenso sistema de canales suministraba agua para riego y consumo.
8. Población cosmopolita
Bagdad era un crisol de culturas y religiones, habitada por árabes, persas y muchas otras etnias. Esta diversidad fomentó un intercambio intelectual y cultural sin precedentes.
En conjunto, la Bagdad antigua era una ciudad vibrante y sobrecogedora que marcó profundamente el panorama cultural e intelectual del mundo islámico durante su edad de oro.