Historia antigua

Al otro lado del mar de vino: mercenarios micénicos en Egipto y Anatolia

Al otro lado del mar de vino: mercenarios micénicos en Egipto y Anatolia

La Edad del Bronce tardía (entre 1600 y 1100 a.C.) en el Mediterráneo oriental fue una época de contactos sin precedentes. Reyes y reinas de ambos lados del Egeo emprendieron misiones diplomáticas y el intercambio de objetos de lujo como lingotes de oro, plata, cobre y estaño, además de plantas y animales exóticos. Hoy conocemos estos lazos gracias a los restos de cerámica hallados en varios países y a evidencia epigráfica, como las listas que aparecen en la base de las estatuas del templo de Amenofis III en Tebas. Estas listas, conocidas como "lista del Egeo", incluyen topónimos como Knossos, Micenas y Quítera.

Otro testimonio importante es la tumba del cortesano Huya en Tell el‑Amarna (la ciudad construida por Akenatón), que muestra una escena de tributo extranjero fechada en el duodécimo año del reinado de Akenatón. En ella aparecen "las islas en medio del mar", que algunos autores interpretan como la Grecia continental o las islas del Egeo. A este hallazgo se suman cuatro placas de majólica egipcia encontradas en Micenas, que aparecen dentro de un cartucho de Amenofis, lo que sugiere una visita oficial egipcia que llevó esas placas a la ciudad.

Más allá del comercio, la Edad del Bronce fue también una época de transformación y conflicto. En la ribera europea del Egeo destaca la Grecia micénica, cuyas tropas eran famosas por su experiencia militar.

Contra los señores de Hattusa

Se cree que los soldados micénicos empezaron a servir como mercenarios en Creta antes de la conquista, adquiriendo así las habilidades necesarias para tomar la isla alrededor del 1450 a.C. También se piensa que apoyaron a la liga de Assuwa en su lucha contra los hititas, alrededor del 1400 a.C. Como prueba, se halló una espada micénica tipo B cerca de Bogăzköy (1991). En la hoja lleva una inscripción acadia que menciona la victoria de Tudhaliya II. La escasez de armas aqueas en otras potencias sugiere que los micénicos no eran simples comerciantes de armas, sino combatientes contratados.

En Hattusa se descubrió un fragmento de cuenco hitita con un grabado que representa a un guerrero micénico con todo su equipo, incluido un casco con plumas y cuernos, similar al que aparece en el Vaso de los guerreros. El cuenco data de un contexto contemporáneo a la rebelión de Assuwa.

Otra evidencia proviene de la Imputación de Madduwatta, un renegado hitita que gobernó la Anatolia occidental en el siglo XV a.C. y fue atacado por Arrarissiya, descrito como "hombre de Ahhiya". Ahhiya es la forma arcaica de Ahhiyawa, el nombre con que los hititas conocían a Grecia micénica, lo que indica la presencia de mercenarios aqueos más allá del Egeo.

Mercenarios micénicos al servicio del faraón

Egipto tenía una larga tradición de incorporar mercenarios extranjeros: nubios, libios, cananeos y hasta sherdens. Es posible que los primeros micénicos llegaran a Egipto cuando este intentaba liberarse del dominio de los hicsos (1730‑1580 a.C.) y buscaba ayuda en el mar.

Los faraones del inicios del Imperio Nuevo pagaban a sus mercenarios en oro, y la coincidencia temporal entre la lucha contra los hicsos y la aparición de los primeros túmulos micénicos se interpreta como evidencia de que los aqueos combatieron del lado egipcio hasta el final del conflicto.

El botín obtenido les permitió regresar a Grecia continental con grandes cantidades de oro, lo que según autores como Marinatos y M. Hirmer explica la riqueza encontrada en las tumbas micénicas y el sobrenombre de Micenas como "la rica en oro" en la época de Homero.

El hallazgo más famoso que sugiere la presencia de mercenarios micénicos en Egipto se produjo en diciembre de 1936, cuando John Pedlebury, excavando en Tell el‑Amarna para la Egyptian Exploration Society, descubrió un papiro con escenas de combate de calidad comparable a las del sarcófago de Tutankamón. En una de ellas aparecen arqueros libios atacando a soldados egipcios; en otra, un grupo de guerreros corre hacia un egipcio caído, vistiendo faldas blancas y cascos pintados de rojo y amarillo, que recuerdan a los cascos de colmillos de jabalí micénicos.

Al otro lado del mar de vino: mercenarios micénicos en Egipto y Anatolia

Los cascos del papiro presentan demarcaciones verticales semejantes a las líneas de los colmillos de jabalí, y algunos guerreros llevan túnicas de piel de buey con refuerzos de cobre verde, lo que sugiere una armadura ligera. En el mundo micénico, la asociación de cascos de colmillos de jabalí y piel de buey aparece en frescos de Thera y en un cráter del British Museum.

Aunque la evidencia arqueológica de una coraza completa es escasa, se han encontrado restos que indican la existencia de corazas de cuero reforzadas con metal. En la Tumba A de Kallithea se halló un combatiente con espada larga, lanza y fragmentos de una coraza de bronce; en Lakithra se descubrieron restos de adornos que podrían pertenecer a una coraza de cuero. Los textos en lineal B también representan túnicas con refuerzos metálicos.

Otros testimonios de micénicos en Egipto incluyen un casco de colmillos de jabalí hallado al norte del delta del Nilo y un modelo de barco de tipo egeo (galera micénica) encontrado en Gurob. La pintura roja y negra del modelo recuerda a la descripción de los barcos aqueos en la Iliada, especialmente a los de Ítaca.

Se cree que muchos de estos mercenarios regresaron a Grecia después de cumplir su contrato. Como prueba, se encontró una escama de coraza sellada con el cartucho de Ramsés II en las ruinas del palacio micénico de Salamina, probablemente perteneciente a un soldado de fortuna que volvió a su tierra.

Mercenarios micénicos y Homero

En la Edad del Bronce tardía, la movilidad y el intercambio eran sin precedentes; al regresar, los mercenarios gozaban de gran prestigio en sus comunidades. Además de armas, llevaban recuerdos de sus hazañas, que se reflejan en frescos como el mural Capitán de los negros en el palacio de Knossos, que según Webster podría basarse en la historia de un micénico al mando de guerreros nubios en Egipto.

Jorrit Kelder sugiere que estos relatos de los mercenarios fueron fundamentales para la creación de la épica griega. Por ejemplo, el faraón Amenhotep II dispara una flecha a un objetivo de cobre con la rienda del caballo atada a la cintura, una hazaña que recuerda la destreza de Odiseo al lanzar una flecha a través de doce aros.

Otro paralelismo entre los trucos de Odiseo y episodios egipcios es la captura de la ciudad de Yapu por el general egipcio Dyehuty, quien ocultó a doscientos soldados en grandes cestas que luego ofreció como tributo, una historia que evoca el caballo de Troya.

Kelder plantea que estos paralelismos nacieron en los campamentos del ejército egipcio, donde los soldados micénicos escuchaban y absorbían las hazañas de sus compañeros extranjeros, incorporándolas después a sus propias canciones épicas.

Aunque Homero no cite directamente a los micénicos, su obra contiene varios pasajes que aluden a visitas de héroes griegos a Egipto y otras regiones del Mediterráneo oriental, donde acumulaban riquezas. En la Odisea, Menelao menciona tres veces que, en su regreso a Esparta, pasó siete años en Egipto, Sidón, Chipre, Libia y Fenicia. En Egipto, según autores como Marinatos, habría adquirido su fortuna, aunque no queda claro si fue por intercambio de regalos o por su papel como mercenario.

La Cipria, parte del ciclo troyano, registra que Paris y Helena se detuvieron en Sidón tras partir de Esparta, y Heródoto confirma que ambos vivieron en Egipto durante su viaje de regreso a Troya.

Además, Homero muestra que mercenarios de diversas naciones lucharon en el ejército troyano, lo que sugiere que la contratación de guerreros extranjeros era una práctica habitual en la Edad del Bronce tardía.

Tanto la literatura homérica como los hallazgos arqueológicos demuestran que los reinos del Mediterráneo oriental estaban estrechamente interconectados. Se intercambiaban no solo metales preciosos y especies exóticas, sino también personas que buscaban fortuna como artesanos, médicos o mercenarios. La presencia de micénicos se refleja en representaciones de guerreros con corazas de piel de buey y cascos de colmillos de jabalí. Sus experiencias y el oro que trajeron de regreso no solo explican la legendaria riqueza de Micenas, sino que también quedaron inmortalizados en la poesía épica.

Bibliografía

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  • Kelder, J. (2020). “Ships, Olives, and Mercenaries: Contacts Between Egypt and the Greek World”. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=orcPgiwI8yc

Notas

[1] Confederación de estados de la Anatolia occidental creada para oponerse al Imperio Hitita. Fue derrotada por el rey hitita Tudhaliya II alrededor del 1400 a.C.

[2] Pueblo ubicado en la provincia turca de Çorum, cercano a las ruinas de Hattusa, capital del Imperio Hitita.

[3] Ciudad antigua conocida por su piratería y considerada parte de los "pueblos del mar".

Este artículo es finalista del III Concurso de Micro‑Ensayos Históricos Desperta Ferro. La documentación, veracidad y originalidad son responsabilidad exclusiva del autor.