No se conoce con exactitud cuándo se introdujo el gorrión en Cuba. Aunque el gorrión común (Passer domesticus) es originario de Eurasia y el norte de África, su presencia en la isla ya estaba documentada en el Repertorio físico‑natural de la isla de Cuba (1865), obra fruto de 25 años de observaciones de campo realizadas por el naturalista hispano‑alemán Juan Cristóbal Gundlach. Gundlach anotó: «especie introducida y aclimatada en la isla de Cuba y ya observada reproduciéndose en libertad… el gorrión europeo hoy es tan abundante en La Habana y sus alrededores… perjudica los frutales y cultivos; puede servir como plato sabroso».
El modo exacto de su llegada tampoco está claro. Una anécdota popular cuenta que un catalán residente en la isla, aficionado a la ornitología, llevó varias jaulas con crías de gorrión a La Habana. Al llegar al puerto, se negó a pagar los aranceles y, en protesta, abrió las jaulas liberando a los pájaros. La historia es idéntica a la que se relata para la introducción del gorrión en Argentina, donde el protagonista sería el cervecero Emilio Bieckert. Lo que sí se sabe es que el gorrión arribó a Cuba en el siglo XIX y, gracias a su gran capacidad reproductiva, colonizó rápidamente las principales ciudades de la isla.
Gorrión y bijirita
Durante la Guerra de los Diez Años (1868‑1878) surgieron dos apodos: «gorrión» para los peninsulares y «bijirita» para los cubanos. Santiago Ramón y Cajal, en sus Recuerdos de mi vida, describe cómo los soldados españoles se autodenominaban «sparrows» y los criollos «bijiritas». El 9 de enero de 1869 el general Domingo Dulce y Garay, gobernador y capitán general de la isla, decretó la libertad de prensa. En los treinta y tres días que duró la medida nacieron 101 periódicos, entre ellos El Gorrión y Las Bijiritas, ambos efímeros y, según se sospechaba, publicados por la misma imprenta bajo diferentes nombres para aprovechar la sátira en tiempos de guerra.
Aunque el apodo «gorrión» era despectivo para los insurgentes, los españoles lo aceptaron con orgullo, convirtiéndose en un símbolo del Cuerpo de Voluntarios de la Isla de Cuba.
Homenaje fúnebre al gorrión
El jueves Santo, 25 de marzo de 1869, un voluntario del 7.º Batallón de la Compañía de Fusileros encontró muerto un gorrión bajo los laureles de la Plaza de Armas de La Habana. Considerando al ave como un camarada, la llevó al Castillo de la Real Fuerza, donde el batallón la envainó, embalsamó y construyó un pequeño altar. Sargentos y cabos lo colocaron en una camilla y lo desfilaron por el cuartel como si fuera un soldado caído. Lo que empezó como una broma se transformó en un acto patriótico que se difundió por toda la isla.
Algunos interpretaron el homenaje como una crítica al general Dulce, acusándolo de ser demasiado conciliador. Dos meses después los voluntarios rodearon al general en el Palacio de los Capitanes Generales y le obligaron a renunciar.
Tras la publicación del suceso, cientos de ciudadanos acudieron al castillo a rezar y encender velas. El cuerpo del gorrión recibió guardia de honor, se decoró con armas y banderas y se enviaron invitaciones a autoridades y personalidades. La marquesa de Castell‑Florite, esposa del general Dulce, y la esposa del gobernador de La Habana, Dionisio López Roberts, entregaron coronas florales y donaciones para erigir un monumento. El marqués de Aguas Claras envió una corona con la dedicatoria: "De una bijirita que nunca ha visto gorriones con malos ojos".
Poetas como el catalán Francisco Camprodón y el sevillano Gabriel Estrella compusieron sonetos improvisados en el altar. La afluencia fue tal que se cerró la puerta del Castillo para evitar más visitantes; la prensa informó que una joven, hija del gobernador, tuvo que abrirla llorando: "¡Que vea a su compatriota!".
El domingo de Pascua, los Voluntarios de Luz de La Habana, al ver la multitud, colocaron al gorrión decorado en el pórtico del cuartel y cobraron una cuota de un real por visitante, recaudando más de 300 pesos que destinó a un hogar de caridad.
El suceso también inspiró al teatro. Luisa Martínez Casado, a los nueve años, actuó en la obra El gorrión, escrita por su padre, que se presentó diez noches seguidas y prolongó su cartelera en el Teatro Variety‑Albisú.
Tras la Pascua, los voluntarios de Matanzas enviaron un telegrama solicitando los restos del «gorrión voluntario» para rendirle honores allí. El ave recorrió también Guanabacoa, Cárdenas, Puerto Príncipe y Santiago de Cuba. En Cárdenas fue recibida por el Cuerpo de Voluntarios Chapelgorris de Guamuta, y tras una misa de campo, se expuso en el Casino Español bajo una capilla ardiente.
La tumba sin nombre del gorrión
De regreso a La Habana, el gorrión fue enterrado en el Cementerio de Colón, hoy Monumento Nacional de Cuba. Su sepultura, perteneciente al periódico La Voz de Cuba, se conserva sin inscripción en el sector noreste del necropolo.
El símbolo del gorrión, como representación de España, motivó posteriores liberaciones de gorriones en distintas ciudades cubanas, como la realizada por los voluntarios de Santiago de Cuba en diciembre de 1869 y otra en Tunas, contribuyendo a la expansión de la especie.
Así, el gorrión quedó para siempre ligado a los voluntarios y, por extensión, a los españoles nacidos en Europa. Sin embargo, los acontecimientos posteriores –la Guerra de 1895, la explosión del USS Maine y la intervención estadounidense– revelan que el verdadero enemigo de los gorriones no fueron las bijiritas, sino el águila calva americana.
Bibliografía
- Poey, F. (1865‑1868). Repertorio físico‑natural de la isla de Cuba. Imprenta del Gobierno y Capitanía General, La Habana.
- Pirala, A. (1895). Anales de la Guerra Cubana, Vol. I. Editorial Felipe González Rojas, Madrid.
- Castellanos, G. (1934). Panorama histórico, ensayo cronológico cubano de 1492 a 1933. Ucar, García y Cía, La Habana.
- Roig de Leuchsenring, E. (1935). La Habana vieja: la Plaza de Armas. Municipalidad de La Habana.
- Roig de Leuchsenring, E. (1960). Fortalezas coloniales de La Habana, Vol. III. Publicaciones del Consejo de Arqueología y Etnología, La Habana.
- Roig de Leuchsenring, E. (1960). La Iglesia católica contra la independencia de Cuba. Talleres Modelo de Impresión, La Habana.
- Marius (11 de febrero de 1869). "Correspondencia privada". Diario Mahon.
- Miramamolin (4 de abril de 1869). "Profunda. Al gorrión fallecido. Obituario". El Moro Muza, pp. 1‑5.
- Sección de entretenimiento (24 de abril de 1869). El Imparcial, p. 3.
- Rodríguez Parets, B. (20 de junio de 1927). «Sobre los gorriones». El Cantábrico, p. 1.
- Català, R.A. (2 de diciembre de 1932). "Del lejano ayer". Revista Naval, p. 18.
- García Torres, H. (21 de marzo de 2021). "Un gorrión en el cementerio". CubaDebate.
Notas
[1] En 1519 se fundó La Habana en el lugar que hoy ocupa la Plaza de Armas. La tradición indica que la ceremonia se realizó el 16 de noviembre, día de San Cristóbal, patrón de la ciudad, con una misa bajo una ceiba y la entrega de cartas de privilegio al cabildo.
[2] Francisco Camprodón Safont y Gabriel Estrella Mantilla estudiaron derecho y, en 1868, trabajaban en Cuba; Camprodón en la Administración de Hacienda y Estrella como magistrado del Tribunal Real de La Habana.