Introducción
El diccionario de la RAE define la sátira como “un discurso agudo, punzante y mordaz, destinado a censurar o ridiculizar”. Esa forma de crítica existe desde que el habla nació, pero en la literatura la encontró su primer padre: el romano Gaius Lucilio.
Vida y contexto social
Lucilio nació en Suessa Aurunca (actual Caserta, Campania) entre 180 y 147 a.C., en una familia del ordo equester, la clase ecuestre que, en la República tardía, combinaba riqueza mercantil con la posibilidad de ejercer ciertos magistrados. Su hermana Lucilia se casó con Sexto Pompeyo, padre del famoso Pompeyo el Grande, lo que lo convierte en tío abuelo del líder que enfrentó a Julio César.
Según Velius Paterculus, Lucilio fue amigo de Escipión Emiliano, a quien conoció en Hispania durante el sitio de Numancia (133 a.C.). Horacio también lo menciona, lo que confirma su presencia en los círculos literarios de la época.
Obras y estilo
Lucilio publicó hasta treinta libros bajo el título colectivo Satirae. Solo se conservan unos 1 300 fragmentos, pero permiten identificar tres ejes temáticos: la condición humana, la política y la autocrítica. Fue el primer romano que dedicó su vida a la escritura pese a su origen noble, convirtiéndose en el primer literato profesional de su clase.
Su estilo combina una aguda moralidad con referencias a la cultura griega, aunque rechaza el modelo menípico de la sátira griega. Empleó mayoritariamente hexámetros, pero también utilizó tetrametros trocáicos, septenarios, senarios y dactílicos, organizando sus libros según la métrica empleada.
Relación con el Círculo Escipiónico
Viajó a Grecia para ampliar su cultura filosófica y formó parte del Círculo Escipiónico, patrocinado por Cornelia (madre de los hermanos Graco). Este grupo defendía los valores estoicos frente al conservadurismo de Cayo Cayo el Viejo y promovía las artes y la literatura.
Su obra influyó en autores posteriores como Persio, Quintiliano y Juvenal, que reconocieron en él al creador de la sátira literaria, pasando de una tradición oral y vulgar a una forma escrita y refinada.
Últimos años y muerte
Lucilio murió en Nápoles (Neápolis) entre 103 y 101 a.C. Aunque nunca ocupó cargos públicos, recibió una sepultura casi estatal, testimonio de su gran popularidad.