Introducción
La Edad del Hierro en Gran Bretaña abarcó aproximadamente desde el 800 a.C. hasta la invasión romana en el 43 d.C. Durante este extenso periodo, la isla estuvo poblada por diversas tribus celtas que compartían lenguas, costumbres y tradiciones similares, aunque cada una desarrolló rasgos propios.
Principales tribus celtas
Britones: eran la tribu más numerosa y se extendían desde el suroeste (Cornualles) hasta el noreste (Yorkshire). Dentro de los Britones existían subgrupos como los Brigantes, los Iceni o los Catuvellauni.
Belgae: asentados en el sureste de la isla, principalmente en Kent, Sussex y partes de Hampshire, estos pueblos tenían estrechos vínculos con los belgas continentales.
Otros grupos: en la región occidental y noroeste, tribus como los Dumnonios (Devon y Cornualles) y los Caledonios (lo que hoy es Escocia) también formaban parte del mosaico celta británico.
Vida y cultura
Los celtas de la Edad del Hierro eran hábiles constructores y agricultores. Levantaron hillforts, fortalezas en colinas que servían como centros defensivos y de comercio. Utilizaban el hierro para fabricar armas, herramientas y objetos decorativos.
Su economía combinaba la agricultura de cereal y ganado con el intercambio de bienes como cerámica, metales y productos artesanales. Culturalmente, destacaban por su arte ornamental, la música con instrumentos de cuerda y viento, y una religión politeísta centrada en deidades de la naturaleza y lugares sagrados.
Fin de la Edad del Hierro
El 43 d.C. los legados romanos, bajo el mando de Claudio, invadieron Gran Bretaña, marcando el fin de la Edad del Hierro. Durante los siguientes cuatro siglos, las tribus celtas fueron paulatinamente romanizadas, adoptando la lengua, la arquitectura y las costumbres del Imperio.