Las rotondas celtas, viviendas circulares típicas de la Edad del Hierro, se construían con los recursos que cada región ofrecía. No existía un modelo único; los materiales y las técnicas variaban según la disponibilidad local y la época.
Madera
La madera era el recurso más frecuente. Se empleaban robles, fresnos y avellanos para la estructura de postes y vigas. Las paredes se recubrían con entramado de varillas (wattle) y una capa de barro (daub).
Piedra
En zonas montañosas o con abundancia de piedra, se levantaban rotondas de mampostería seca, es decir, sin mortero. Estas construcciones eran duraderas y aprovechaban la geología local.
Tierra y arcilla
Donde la madera y la piedra escaseaban, se utilizaba una mezcla de tierra, arcilla y paja, conocida como cob. Esta masa se modelaba para formar muros gruesos y aislantes.
Tejas de paja
Los techos se cubrían con materiales vegetales: paja, cañas, junco o carrizo, atados a una estructura de madera para crear una cubierta gruesa y aislante.
En resumen, las rotondas celtas reflejan la adaptación de las comunidades a su entorno, empleando madera, piedra, tierra y paja según la disponibilidad de cada zona.