Tras avistar tierra en su primer viaje transatlántico en 1497, John Cabot regresó a Inglaterra para informar al rey Enrique VII sobre sus hallazgos.
El navegante llevó consigo pruebas concretas del descubrimiento: mapas elaborados a partir de sus observaciones y objetos traídos del Nuevo Mundo. Además, describió detalladamente el territorio, su geografía y los habitantes que encontró, resaltando el enorme potencial económico y estratégico de la zona.
Cabot destacó las oportunidades para la pesca, el comercio de pieles y el establecimiento de colonias, animando a la corona a financiar nuevas expediciones. Su exitosa travesía marcó el inicio de la exploración inglesa en América del Norte y sentó las bases para futuras misiones al Nuevo Mundo.