Los soldados del periodo Tudor tenían una dieta basada en alimentos sencillos y de fácil conservación, adaptada a las exigencias de la campaña militar.
Carne
- Ternera, cordero, cerdo y pollo eran las carnes más habituales.
- Se conservaban saladas o ahumadas para alargar su vida útil.
- La carne fresca estaba disponible en algunos campamentos, pero resultaba más cara y se deterioraba rápidamente.
Pan
- Alimento básico y la principal fuente de energía.
- Se elaboraba con harina de trigo, centeno o cebada.
- Se horneaba en hogueras en panes grandes que se repartían entre los soldados.
Verduras
- Col, nabos, zanahorias, guisantes y alubias eran consumidos regularmente.
- Aportaban vitaminas y fibra, aunque tenían menor protagonismo que la carne y el pan.
Frutas
- Manzanas, peras, ciruelas y uvas se consumían cuando la temporada lo permitía.
Bebidas
- Cerveza y ale (cerveza ligera) eran las bebidas habituales.
- El vino estaba reservado mayormente a oficiales por su mayor coste.
- El agua a menudo no era segura; se hervía o se mezclaba con cerveza o vino.
Otros alimentos
- Queso, huevos, pescado y gachas de avena complementaban la ración.
- En campañas largas, los soldados recurrían a alimentos silvestres: hierbas, bayas y frutos secos.