Los antiguos hebreos fueron un grupo diverso que habitó el Levante meridional (actual Israel, Palestina y partes de Jordania, Líbano y Siria) desde el segundo milenio a.C. hasta el siglo I d.C. No existe una descripción única y definitiva de su aspecto físico, pero los hallazgos arqueológicos, los textos históricos y las representaciones artísticas permiten señalar algunas características generales.
Características físicas más habituales
Color de piel
Probablemente tenían la piel oliva, con tonalidades que iban desde el claro hasta el marrón oscuro, acorde al clima y a la población del cuenco mediterráneo.
Color de cabello
Su cabello solía ser oscuro, variando entre negro y castaño oscuro, similar al de otras poblaciones del Oriente Próximo de la época.
Color de ojos
Los ojos más comunes eran marrones o marrón oscuro, aunque podían presentar otras tonalidades.
Rasgos faciales
En el arte y la escultura se les representa con narices prominentes, labios gruesos, rostro ovalado y mandíbula marcada.
Indumentaria y adornos
Vestían tejidos naturales como lana y lino. Las mujeres llevaban vestidos o faldas largas; los hombres, túnicas y mantos. También utilizaban joyas y accesorios como pendientes, pulseras, collares y cubiertas para la cabeza.
Constitución física
Generalmente tenían una complexión media, algo robusta y fornida, según los restos óseos encontrados en excavaciones.
Estas características son observaciones generales basadas en la evidencia disponible y pueden variar entre individuos, tribus y estratos sociales. La población hebrea era diversa y su apariencia dependía de la región, la afiliación tribal y el nivel socio‑económico.