Cultivo del índigo
Preparación del semillero: A principios de primavera se araba y rastrillaba la tierra para crear el semillero donde se sembrarían las semillas de índigo.
Siembra: Las semillas se distribuían uniformemente sobre el semillero preparado y se cubrían ligeramente con tierra.
Riego y deshierbe: El campo se regaba regularmente para mantener la humedad necesaria para la germinación y el crecimiento. Se eliminaban las malas hierbas para evitar la competencia con las plantas de índigo.
Cosecha: Las plantas se cosechaban cuando alcanzaban la madurez, habitualmente entre 100 y 120 días después de la siembra.
Extracción del colorante índigo
Remojo: Las plantas cosechadas se agrupaban en haces y se sumergían en grandes cubas de agua. Este proceso, llamado remojo, permitía que los pigmentos solubles de las hojas se liberaran al líquido.
Batido y fermentación: Tras el remojo, el agua coloreada se batía vigorosamente. El batido favorecía la oxidación y la proliferación de bacterias índigo, esenciales para la obtención del colorante.
Decantación: La mezcla se dejaba reposar sin moverla, de modo que los pigmentos se asentaran en el fondo de la cuba.
Desagüe del sobrenadante: Con cuidado se retiraba el agua superficial, quedando el concentrado de índigo en el fondo.
Procesado del índigo
Ebullición: El concentrado se hervía para intensificar el tono y eliminar impurezas.
Evaporación y cristalización: Después de la ebullición, el líquido se dejaba evaporar. El residuo sólido se recogía y se cristalizaba en bloques o pasteles.
Embalaje: Los bloques cristalizados se empaquetaban en cajas de madera y se enviaban a los mercados para su comercialización.
Impacto social y económico
La producción de índigo bajo el Raj británico era extremadamente explotadora. Los agricultores eran obligados mediante contratos abusivos y trabajos forzados a cultivar índigo en el llamado "sistema del índigo". Estas condiciones provocaron una gran miseria en muchas regiones.
Ante la opresión surgieron movimientos de resistencia que culminaron en la Rebelión del Índigo (1859‑1860). Ese levantamiento puso en evidencia los abusos coloniales y obligó a la autoridad británica a introducir algunas reformas en la forma de cultivo del índigo.