Declive interno
1. Liderazgo corrupto y débil
Los emperadores bizantinos sucesivos fueron a menudo incapaces de gobernar eficazmente, dedicando su tiempo a luchas de poder y a lujos en lugar de atender los problemas del imperio.
2. Crisis económica
Inflación, caída del comercio y pérdida de rutas comerciales frente a árabes y selyúcidas limitaron la capacidad de mantener un ejército fuerte y de sostener a la población.
3. Inestabilidad social
Revuelta campesina, violencia de facciones y descontento popular, alimentados por dificultades económicas y disputas religiosas, erosionaron la cohesión interna.
4. Conflictos religiosos
El cisma entre la Iglesia Ortodoxa Oriental y la Iglesia Católica Romana generó divisiones que debilitaron la unidad del imperio.
Amenazas externas
1. Conquistas árabes y musulmanas
Los ejércitos árabes y, más tarde, los selyúcidas, arrebatóron territorios clave como Egipto, Siria, Palestina y gran parte de Asia Menor, privando al imperio de recursos y mano de obra.
2. Las Cruzadas
Si bien fueron iniciadas para recuperar Tierra Santa, las cruzadas provocaron enfrentamientos con Bizancio. La Cuarta Cruzada (1204) culminó con el saqueo de Constantinopla y la creación del Imperio Latino (1204‑1261).
3. Invasiones mongolas
En el siglo XIII, las incursiones mongolas devastaron zonas bizantinas y desviaron recursos que podrían haberse usado contra otros enemigos.
En conjunto, la combinación de problemas internos y presiones externas agotó gradualmente el poder y el territorio del Imperio Bizantino, llevándolo a su colapso final en 1453.