Introducción
En la América colonial la dieta infantil dependía principalmente de los recursos locales y del nivel económico de cada familia. Aunque existían diferencias regionales, ciertos alimentos eran comunes en la mesa de los niños.
Harinas y papillas
Polenta o papilla de maíz: hecha con harina de maíz cultivada por pueblos nativos y adoptada por los colonos. Se preparaba como papilla, gachas o pan de maíz.
Johnnycakes: pequeños discos planos de harina de maíz y agua, cocinados en sartén sobre el fuego.
Samp: granos de maíz secos, partidos o molidos, que se hervían hasta obtener una papilla o se incorporaban a sopas y guisos.
Lácteos y proteínas
Leche y queso: accesibles principalmente para familias acomodadas, provenientes de vacas o cabras.
Carnes: escasas y costosas. Cuando se consumían, eran carnes saladas o secas como cerdo, res o venado. También se cazaba fauna silvestre (conejos, ardillas).
Pescado: disponible en regiones costeras o ribereñas; especies típicas incluían bacalao, trucha y salmón.
Verduras y frutas
Los huertos familiares producían col, zanahoria, cebolla, nabo y guisantes. Entre las frutas más comunes estaban manzanas, peras y duraznos, cultivadas en los jardines.
Endulzantes
Miel: obtenida de colmenas silvestres y usada como azúcar natural.
Melaza: jarabe espeso de caña de azúcar importado del Caribe, utilizado como endulzante.
Azúcar: un artículo de lujo, también importado del Caribe y consumido en pequeñas cantidades.
Resumen
En conjunto, la alimentación de los niños coloniales se basaba en ingredientes simples y locales; la carne y el azúcar eran productos escasos y costosos.