Infancia y primera infancia (0-5 años)
Los bebés y niños pequeños estaban al cuidado de sus madres o de otros cuidadores, recibían alimentación, protección y los primeros estímulos.
En muchas familias se amamantaba durante varios años y, a medida que crecían, se les introducían alimentos sólidos.
El juego era fundamental: manipulaban juguetes rudimentarios, cantaban, corrían y descubrían el entorno, lo que favorecía su desarrollo motor y cognitivo.
Niñez (6-12 años)
Los niños de familias acomodadas asistían a escuelas o recibían instrucción en casa, aprendiendo a leer, escribir, hacer cálculos, así como materias como religión, historia y geografía.
Los niños de clase trabajadora colaboraban en la agricultura, el comercio o artesanías junto a sus padres, realizando tareas apropiadas a su edad.
El juego seguía siendo importante: se practicaban juegos al aire libre, se organizaban competencias y se desarrollaban habilidades sociales.
Adolescencia (13-18 años)
Los adolescentes de familias pudientes podían recibir educación especializada o preparación para profesiones como derecho, medicina o la milicia. A las niñas se les enseñaba gestión del hogar y modales.
Los jóvenes de origen humilde solían convertirse en aprendices de oficios y artes, adquiriendo destrezas para su futuro laboral.
Progresivamente asumían responsabilidades adultas, ayudando en la economía familiar y tomando decisiones importantes.
Variaciones regionales y culturales
Las experiencias variaban mucho según la zona. En áreas rurales, la mayor parte del tiempo se dedicaba al trabajo agrícola; en ciudades, los niños asistían a los comercios o talleres urbanos.
Las tradiciones, creencias y valores de cada comunidad también marcaban la educación y los roles que los niños desempeñaban.
En resumen, la vida de los niños en 1700 era diversa y dependía de su clase social, género, entorno geográfico y costumbres locales.