Una defensa heroica
¿Cómo describir la resistencia de 55 empleados de correos, un trabajador ferroviario y civiles, incluida una niña de 10 años, frente a las hordas nazis si no es heroica?
Preparativos antes de la invasión
El 1 de septiembre de 1939, en la entonces ciudad libre de Danzig (hoy Gdansk, Polonia), los carteros polacos, anticipando la invasión alemana, se atrincheraron en el edificio de la oficina de correos, una antigua construcción de piedra en la plaza central. Se unieron a ellos sus familiares, un empleado del ferrocarril y el portero del edificio con su esposa y su hija de 10 años, Ervina.
Con la previsión de un conflicto, habían acumulado tres metralletas, 40 rifles y tres cajas de granadas dentro del edificio. El grupo estaba al mando de Konrad Gunderski, oficial de reserva del ejército polaco.
El asalto alemán
Al amanecer del 1 de septiembre, alrededor de 200 soldados alemanes, mayormente miembros de las SS, acompañados de policía, tres vehículos blindados y dos cañones de 75 mm y uno de 105 mm, atacaron la oficina de correos.
Los carteros polacos ofrecieron una resistencia feroz, repeliendo dos asaltos frontales. Ante la presión, los alemanes derribaron parte de los muros con los cañones y lograron entrar por los huecos.
El sacrificio de Gunderski
En el momento crítico, Gunderski lanzó granadas y se autodestruyó junto a los invasores, provocando la retirada momentánea de los alemanes. Sin embargo, los agresores volvieron a bombardear el edificio con 600 kg de explosivos, obligando a los defensores a refugiarse en el sótano.
La masacre del sótano
Los soldados alemanes vertieron gasolina en el sótano y lo incendiaron. Tres polacos, entre ellos la niña Ervina, fueron quemados vivos; varios más sufrieron graves quemaduras.
Ante la imposibilidad de seguir luchando, los defensores decidieron rendirse. Cuando el jefe de correos, Jan Michon, salió con un pañuelo blanco en señal de rendición, los alemanes lo quemaron con un lanzallamas y mataron a otro hombre que lo acompañaba.
Consecuencias y crímenes de guerra
Los supervivientes fueron trasladados a un hospital, donde no recibieron atención médica; seis, incluida Ervina, fallecieron a causa de sus quemaduras.
Los que quedaron vivos fueron torturados inhumanamente y sometidos a un juicio militar alemán bajo falsos cargos de traición, como si fueran ciudadanos alemanes. El tribunal, sin permitirles hablar, los condenó a muerte y ejecutó a todos, incluidos los heridos.
Los jueces de este juicio espectáculo nunca fueron castigados; después de la guerra continuaron ejerciendo como abogados en la Alemania Occidental.
Descubrimiento y memoria
En 1991, tras la caída del bloque soviético, se iniciaron búsquedas de los restos de los ejecutados, que finalmente fueron encontrados. Se erigió un monumento en el lugar para honrar su sacrificio.
En la batalla del edificio de correos, los alemanes contabilizaron 10 muertos, 25 heridos y la destrucción de uno de sus vehículos blindados.