Las Guerras Greco‑Persas, también llamadas Guerras Persas, se desarrollaron entre 499 y 449 a.C., enfrentando a las polis griegas con el Imperio aqueménida. A pesar de la máxima expansión persa, la defensa colectiva griega logró detener la invasión y salvaguardar la cultura y el sistema político helénico.
Durante este periodo, Atenas emergió como líder de la Liga de Delos, marcando el inicio de su edad de oro.
El comienzo de la contienda

Tras la caída de la civilización micénica, diversas tribus griegas (aeolos, dorios e íones) se asentaron en Asia Menor. Los íones fundaron doce ciudades costeras con una cultura común, formando una liga ionia.
Los lidios, bajo Creso, conquistaron esas ciudades, lo que provocó el enfrentamiento con el emergente Imperio persa de Ciro el Grande, quien derrocó a los lidios alrededor de 550 a.C.
Los íonos, bajo dominio persa, fueron gobernados por tiranos designados por los persas, lo que generó descontento y sentó las bases de la revuelta ionia.
La revuelta jónica (499‑494 a.C.)

En 499 a.C., los griegos de Jonia se levantaron contra la tiranía persa. El aristágoras de Mileto, tras un fallido intento de conquista de Naxos, incitó a la rebelión aprovechando el descontento hacia el rey persa Darío I.
Atenas y Eretria enviaron flotas (20 y 5 trirremes respectivamente) que ayudaron a los jonios a quemar Sardes. Sin embargo, la derrota en la batalla de Lade (494 a.C.) obligó a Persia a restablecer su control sobre Asia Menor.
La revuelta ionia retrasó la invasión persa de Grecia, proporcionando a las polis continentales tiempo para organizarse.
Primera invasión persa (490 a.C.)

Darío I lanzó una expedición contra Grecia. Aproximadamente 100 000 persas desembarcaron en la llanura de Maratón, donde fueron derrotados por los hoplitas atenienses bajo el mando de Milcíades.
La victoria en Maratón demostró la efectividad de la falange griega y frenó la primera ofensiva persa.
Segunda invasión persa (480‑479 a.C.)

El sucesor de Darío, Jerjes I, reunió un ejército de alrededor de 300 000 hombres y una gran flota. Cruzó el Helesponto mediante un puente flotante y avanzó por Tracia y Tesalia.
En la famosa defensa de los 300 espartanos en las Termópilas, el rey Leónidas retrasó al enemigo, pero los persas finalmente tomaron Atenas, que ya había sido evacuada y quemada.
La victoria naval griega en Salamina, liderada por Temístocles, obligó a Jerjes a retirarse a Asia Menor.
En 479 a.C., las fuerzas combinadas de Atenas y Esparta derrotaron a los persas en las batallas terrestres de Platea y marítimas de Mícale, poniendo fin a las aspiraciones persas en Grecia.
Consecuencias y la Liga de Delos
Tras la victoria, Atenas fundó la Liga de Delos para continuar la presión contra Persia y organizar la defensa de las ciudades jónicas. Esparta se retiró pronto, considerando cumplidos los objetivos de la guerra.
El dominio ateniense sobre la liga provocó tensiones y rebeliones de miembros como Naxos (471 a.C.) y Taso (465‑462 a.C.), marcando la transición de una alianza defensiva a una hegemonía ateniense.
Después de la guerra

Aunque la victoria griega frenó la expansión persa, las polis quedaron más divididas que unidas. Las rivalidades entre Atenas y Esparta culminarían en la Guerra del Peloponeso.
Persia, por su parte, intentó desestabilizar a Grecia mediante subsidios a políticos, pero no volvió a lanzar una invasión a gran escala.