Diego de Almagro partió al sur en 1533 por encargo de Francisco Pizarro, quien esperaba que quedara allí su legado, pues conocía la ferocidad de los indígenas de la zona, territorio que ni siquiera los incas habían logrado penetrar. Almagro abandonó Cuzco, ingresó a Chile por el norte y fundó la ciudad de Copiapó antes de llegar al río Maule, la frontera que los incas nunca cruzaron. Tras intensos combates, la ausencia de oro y la pobreza de la región, regresó a Perú.
Expedición a Chile
En 1538, Francisco Pizarro, ya consolidado en el Perú, organizó una nueva expedición. Al frente puso al veterano de las guerras italianas Pedro de Valdivia, quien, con unos ciento cincuenta soldados y provisiones, cruzó los Andes y entró en Chile. Después de once meses de marcha y enfrentamientos, fundó la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo, futura capital del país. Los mapuches destruyeron Copiapó y atacaron Santiago, impidiendo que Valdivia obtuviera los beneficios esperados. Ante la adversidad, Valdivia se refugió bajo la protección de Pedro de la Gasca y fundó otras localidades.
Derrota española
Las tribus locales se reorganizaron y eligieron como toqui a Lautaro, antiguo paje de Valdivia que dominaba las tácticas europeas. En la llanura de Tucapel, Lautaro derrotó a los españoles, capturó a Valdivia, lo torturó y lo mató, culminando con un ritual de canibalismo colectivo en 1553.
Conquista de Chile
Tras la muerte de Valdivia, el mando pasó a Francisco de Villagrán, quien persiguió a los mapuches y, tras capturar a Lautaro, ordenó su ejecución. La conquista del sur hasta el estrecho de Magallanes se consolidó bajo García Hurtado de Mendoza, quien combatió a los araucanos liderados por Caupolicán. Estos hechos inspiraron el célebre poema épico La Araucana, escrito por Alonso de Ercilla y Zúñiga.