Historia antigua

El ornitorrinco: el animal que dejó perplejos a los científicos

El ornitorrinco: el animal que dejó perplejos a los científicos

Platypus (Ornithorhynchus paradoxus), más conocido como el ornitorrinco. Ilustración del Meyers Konversations-Lexikon, 1897 • ISTOCKPHOTO

Cuando los primeros europeos se asentaron en Australia a finales del siglo XVIII, quedaron asombrados por la fauna del continente. Los animales que más capturaron su imaginación fueron el canguro, el koala y el walabí, marsupiales gigantes que no tenían comparación con ninguna especie conocida hasta entonces. Sin embargo, la criatura que más desconcertó a los colonos fue el ornitorrinco:

"Es un animal anfibio parecido a una topo, pero mucho más grande. Sus ojos son pequeños, tiene membranas en las patas y una cola corta y gruesa. Pero lo más extraordinario es que, en lugar de mandíbulas, posee un pico de pato", describió David Collins, gobernador de la colonia de Nueva Gales del Sur. Esta descripción refleja el asombro ante un ser que no encajaba en ninguna categoría zoológica conocida.

Una leyenda aborigen

Los pueblos originarios llamaban al ornitorrinco boondaburra, mallangong, tambreet o dulaiwarrung. Según una tradición oral, una patita llamada Daroo desobedeció a los ancianos y fue secuestrada por Bilargun, el malvado ratón de agua, que la obligó a copular con él. Embarazada, Daroo escapó, volvió a su estanque y, tras unas semanas, puso huevos. De ellos nacieron crías con pico y patas palmeadas como su madre, pero cubiertas de pelo y con un aguijón venenoso en las patas traseras como su padre: los primeros ornitorrincos.

El primer avistamiento europeo

En 1798, John Hunter, gobernador de la colonia y aficionado a la naturalía, fue el primer europeo en observar un ornitorrinco vivo en la laguna de Yarramundi, cerca de Sídney, mientras acompañaba a un cazador aborigen. Fascinado por su aspecto, Hunter realizó un dibujo detallado y envió la piel de un ejemplar cazado a Londres, donde el curador del Museo Británico, George Shaw, la examinó.

¿Un engaño?

Al recibir la piel, Shaw quedó tan desconcertado que su primera hipótesis fue que se trataba de un truco. En esa época circulaban “sirenas” hechas con cuerpos de primates a los que taxidermistas chinos añadían colas de pez. Shaw pensó que la piel australiana pertenecía a una rata de agua a la que se le habían cosido extremos de pato. Escribió: "De todos los mamíferos conocidos, este es el más extraordinario en apariencia. Presenta un pico de pato injertado en la cabeza de un cuadrúpedo. A primera vista parece una falsificación, pero al examinarlo detenidamente no se encuentran costuras que lo prueben". Finalmente aceptó que se trataba de un animal real.

Nomenclatura

Shaw nombró al animal Platypus anatinus ("pato de pies planos"), pero ese nombre ya estaba asignado a un escarabajo. En 1800, el anatomista alemán Johann Friedrich Blumenbach propuso Ornithorhynchus paradoxus ("pico de ave paradójico"). El nombre definitivo quedó como Ornithorhynchus anatinus, combinando ambas denominaciones. En los países angloparlantes se sigue usando platypus como nombre común, mientras que en lenguas latinas se prefiere ornitorrinco.

El orden de los monotremos

El ornitorrinco pertenece a un orden propio, los monotremos ("orificio único"), que incluye también a los equidnas, pequeños insectívoros semejantes a erizos. Los monotremos conservan rasgos heredados de sus ancestros reptiles, como la cloaca, una cavidad que combina los sistemas digestivo, excretor y reproductivo.

Hasta hoy, el ornitorrinco sigue siendo uno de los animales más asombrosos del planeta. Su descubrimiento revolucionó la biología y demostró que, a veces, las mayores sorpresas vienen en los paquetes más pequeños.