Los techos de los templos clásicos griegos se cubrían principalmente con tejas de terracota, piezas planas y rectangulares de arcilla cocida.
Material y fabricación
Estas tejas, fabricadas a partir de arcilla modelada y horneada a altas temperaturas, eran resistentes al fuego y al paso del tiempo. Su superficie a menudo se decoraba con relieves geométricos o se pintaba con colores vivos para realzar la estética del edificio.
Montaje y sujeción
Se disponían en filas superpuestas sobre una estructura de madera, aseguradas mediante clavijas o tachuelas de madera. En algunos casos, se aplicaba una fina capa de yeso sobre las tejas para protegerlas de la humedad y los elementos climáticos.
En períodos posteriores, algunos templos utilizaron pizarra o mármol, pero la terracota siguió siendo el material más habitual para los techos.