Historia de las capitales egipcias
¿Cuál es la capital de Egipto? Hoy es El Cairo, pero a lo largo de la historia la ciudad capital ha cambiado muchas veces. Sin contar la época faraónica (Buto, Busiris, Tinis, Hieracómpolis, Memphis, Ity‑tauy, Avaris, Tebas, Alejandría, entre otras), en la Edad Media destacan Al‑Qatta'i (siglos IX‑X), Al‑Askar (siglos VIII‑IX) y Fustat. Estas tres ciudades fueron absorbidas progresivamente por el crecimiento desmesurado de El Cairo, aunque aún se conservan algunos restos arquitectónicos en el casco antiguo.
Muchos de esos vestigios están en mal estado; algunos son ruinas y otros están abandonados, eclipsados por la majestuosidad de las Pirámides de Guiza y la Ciudadela de Saladino.
Los monumentos más antiguos
Las mezquitas de Ibn Tulún y Amr son los principales testimonios de aquella época milenaria. Las reformas posteriores han alterado su aspecto original, sobre todo la de Amr, pero siguen siendo los ejemplos más antiguos de la ocupación árabe en Egipto.
Conquista musulmana y fundación de Fustat
Los musulmanes iniciaron la conquista de Egipto en 634 d.C., poco después de la muerte de Mahoma. En 641 la capital, Alejandría, cayó en manos de Umar ibn al‑Khatṭāb, califa de la dinastía ortodoxa que precedió a los omeyas.
Umar consideró que Alejandría, situada al oeste del Nilo, era poco estratégica para controlar la región y, siguiendo el mismo criterio que había usado en Irak, ordenó a su general Amr ibn al‑‘As fundar una nueva ciudad al oeste del río.
Según la leyenda, mientras Amr se preparaba para asediar Alejandría vio una paloma anidar en su tienda y, al no querer perturbarla, interpretó el evento como una señal divina. Al regresar encontró un huevo recién puesto y decidió que ese sería el sitio de la nueva capital.
La ciudad se estableció al norte de la antigua fortaleza romana de Babilonia (el "Babilonia egipcia"), una zona conocida desde 525 a.C. por Cambises II.
El nombre Miṣr al‑Fusṭāṭ, que significa "ciudad de los comercios", aludía a que al principio sólo había tiendas de campaña de los soldados. La primera construcción permanente fue la mezquita de Amr, erigida sobre el terreno donde el propio general había instalado su almacén.
Inicialmente la población estaba compuesta por soldados y sus familias, que utilizaban Fustat como base de operaciones contra el Imperio Bizantino y para lanzar campañas hacia el norte de África. Poco a poco llegaron colonos de Arabia y Yemen, así como ex‑soldados romanos, mercenarios, judíos y coptos. La ciudad se organizó en "khittas", barrios tribales alrededor de la mezquita.
Fustat bajo los califatos
El califato omeya, que tomó el control en 660, consideró a Egipto una gran granja de recursos y dedicó gran parte de su administración a Fustat. Tras la caída de los omeyas, los abasíes trasladaron la capital del califato a Bagdad y, en Egipto, la sede administrativa pasó de Fustat a Al‑Askar (750‑868).
Los fatimíes establecieron la capital en Al‑Qattāʾi, pero la ciudad fue destruida en 905 y Fustat recuperó su protagonismo. Más tarde, el general Gawhar al‑Akhdar fundó Al‑Qāhira (Cairo) en 971, pero Fustat siguió siendo el centro administrativo y continuó su desarrollo durante el siglo X.
Durante los siglos X‑XII, la ciudad floreció con mercados, jardines, edificios de siete pisos, talleres artesanales y escuelas de arte. Su población llegó a ser comparable con la de Bagdad, consolidando una economía pujante.
El incendio de 1168
En 1168 el conde Amalric I de Jaffa y Ascalón, futuro rey de Jerusalén, lanzó una expedición contra Egipto para castigar a los fatimíes por negarse a pagar tributos. Aprovechó la debilidad del califa Al‑Adid, de solo dieciocho años, cuyo visir Shawar controlaba realmente el poder.
Shawar, maestro de la diplomacia, había llegado al poder mediante un golpe y, en 1164, pactó con Amalric para evitar una invasión a cambio de atacar al general rebelde Shirkuh, tío de Saladino.
Cuatro años después Amalric regresó con su ejército. Shawar, en un intento de salvarse, se alió con Shirkuh, pero los cruzados avanzaron sin detenerse: saquearon Bilbái, exterminaron a sus habitantes y llegaron a Fustat, exigiendo rendición bajo amenaza de masacre. Incapaz de resistir, Shawar ordenó la evacuación y el incendio de la ciudad. Según el historiador egipcio Al‑Maqrīzī, se distribuyeron veinte mil jarras de nafta y el fuego ardió durante cincuenta y cuatro días.
Amalric no obtuvo el botín esperado y, poco después, fue derrotado por el ejército sirio de Shirkuh, quien aprovechó la ocasión para tomar el control del país. Tras la muerte de Shawar, Saladino se proclamó vizir e inició la dinastía ayubí.
Declive y legado
Fustat quedó reducida a cenizas y pasó a ser un barrio de El Cairo. En los siglos siguientes, los mamelucos la usaron como basurero, mezclando desechos con la población más humilde. Hoy, gran parte de la zona forma parte de la llamada "Ciudad de los Muertos", donde miles de habitantes viven entre tumbas y restos de lo que fue una de las ciudades más importantes del mundo islámico. El turismo aún no ha logrado revertir esta situación.