Orígenes antiguos
Los bufones, también llamados tontos de la corte, aparecen ya en la antigüedad, pero su figura alcanzó gran prominencia durante la Edad Media, entre los siglos V y XV.
Funciones múltiples
Más allá de entretener, los bufones aconsejaban a reyes y nobles, actuaban como cronistas sociales y, en ocasiones, intervenían en decisiones políticas.
Apariencia llamativa
Vestían ropas coloridas y extravagantes, con patrones brillantes, cascabeles y, a veces, pieles de animales. Sus sombreros solían tener largas colas o cascabeles, y a menudo se pintaban la cara o usaban máscaras.
Variedad de habilidades
Dominaban trucos, malabares, acrobacias y relatos humorísticos. Muchos también eran músicos, poetas o cantantes, combinando sus talentos para crear espectáculos cómicos.
Ingenio y sarcasmo
Se esperaba que fueran ingeniosos y agudos en sus conversaciones con el monarca y la corte. Su humor, a menudo satírico, ponía en evidencia normas sociales y a los poderosos.
Libertad de expresión
A diferencia de otros cortesanos, los bufones gozaban de cierta inmunidad para criticar indirectamente al gobernante y a la sociedad, canalizando frustraciones colectivas.
Aceptación en la corte
Generalmente eran bien recibidos y apreciados, pues combinaban entretenimiento con una fuente de sabiduría y comentario crítico.
Estatus social ambiguo
Su posición era compleja: aunque a menudo eran objeto de burla, sus habilidades les permitían alcanzar riqueza e influencia.
Evolución del papel
Con el tiempo, la figura del bufón se extendió fuera de la corte. Los juglares y artistas ambulantes adoptaron su estilo en plazas, ferias y mercados, influyendo en la cultura popular.